viernes, 12 de mayo de 2017

La vista o el alma

Esta noche te quiero hablar suave, bajito, despacio. 
Llenar un frasquito de luces que resulten ser sueños. 
Dejártelo bajo la almohada, cada noche, para que puedas escogerlos a ellos y 
burlar las pesadillas atrapadas en tu pecho.
Te quiero hablar con mucha paciencia, calma y comprensión.
Te quiero escuchar, entender y respetar
Te quiero dar un abrazo si lo necesitas y un consejo si me lo permites.
Cómo lámparas post mortuorias, que no sabes si alumbran la vista o el alma.

By: Kiissy

martes, 2 de mayo de 2017

La cuerda, la verja

Por cielo, tierra y mar, me atormentas, me persigues y un nudo tras otro ensangrientas mis manos con tu cuerda. Es que pesa. Por contrapeso y aligerar vienen las arcadas.  Podrían estar llenas de oro y plata, tener diademas y tiaras de rubíes pero no hay ni hojalata.

Y todo por no acabar tus suspiros de carcajadas en llantos, porque después de la tormenta llega la calma, porque el oro se funde pero tú te quemas. Tus dientes, tu cuello y la cuerda.

El odio toma forma y surca los cielos recorre las tierras y zarpa aunque no sea mar abierto, aunque no sea ante mi mirada.


martes, 25 de abril de 2017

¿De qué tienes miedo?

Cuando me doy tiempo para mi, ya sea meditando, o con un buen baño, me viene la imagen de una dama blanca, rodeada de luz, sin rostro ni nombre. Es una mujer porque su voz me recuerda a la de mi madre. Siempre me pregunta: ¿De qué tienes miedo?

Yo me conmuevo y a veces me echo a llorar, otras suspiro de alivio y siento que parte de mis problemas descansan, unos instantes, sobre los hombros de esa mujer y yo soy libre. ¿Libre de qué? me pregunto yo. No lo sé, no sé de que me libero, si lo supiese, lo erradicaría de mi vida para no volver a tener miedo. 

En el fondo todos vamos con miedo casi a diario y no sabemos por qué motivo. Esperamos en la parada del bus protegiendo nuestras espaldas apoyándonos en la pared y con los brazos cruzados cubriendo el pecho. Con chepa y los hombros encogidos, tensos. Nos escondemos mirando el móvil, con miradas furtivas y de reojo a todo lo que está a nuestro alrededor... Y cuando subimos al bus seguimos igual, al bajar del vehículo apretamos el paso con la cabeza gacha y la mente fija hasta que llegamos a nuestro destino y ahí, tres cuartos de la misma historia... Así todo el día, uno tras otro, con miedo, precavidos y huidizos, pero sin saber por qué. Vaya tela.

No es la primera vez que pienso en esto, de hecho lo estoy escribiendo porque es una idea recurrente en mi cabeza y siempre acabo concluyendo que ese miedo lo aprendemos por el camino. Que de niños eso no lo tenemos. Yo fui a Inglaterra con otros niños a un internado de verano. Uno de los chicos de mi grupo era francés y con tan corta edad, que no digo porque exactamente no la recuerdo, ninguno manejaba bien el inglés. Ya podéis imaginar cómo nos comunicábamos, parecíamos sacados de un programa de "apadrina a un retrasado mental", por favor que no se ofenda nadie con esa referencia, no va a malas. 

La cuestión es que los primeros días él y yo prácticamente ni nos mirábamos, él era el francés rarito y yo la española tímida, un dúo la mar de dinámico. Ni siquiera sabía su nombre cuando, una tarde, paseando por unas calles de Londres, a esa bella ciudad se le ocurrió echarse a llorar. Osea, que diluvió en pleno julio como si fuese abril en Galicia. Yo llevaba un paraguas rosa plegable y pequeñito, súper fashion. Él iba sin paraguas ni chubasquero. Nos pusieron por parejas aleatorias, juntando a quien tenía paraguas con otro que no. Así caritativamente avanzaríamos en nuestra excursión por la ciudad sin riesgo de morir de gripe. 

No exagero cuando os digo que fue el momento más tenso, excitante en el dulce sentido de la palabra y angustioso del mundo. Era la primera vez que estaba tan cerca de un chico y él parecía igual de traumatizado por mi presencia hasta el punto de que iba medio cuerpo fuera del paraguas y con todo el goteo de los lados cayéndole encima. El resto del grupo, que eran bastante más normales que nosotros se reían, incluida la profesora que se encargaba de empujar al chaval bajo el techito de tela rosa. 

Para aliviar la tensión empecé a sacar mis dotes de empollona y le pregunté en un inglés de mafia rusa por su nombre, su familia, si tenía mascotas y que cómo era el sitio del que venía. Mira, fue un drama absoluto porque el chaval solo sabía decir en inglés"one, two three", "hello, bye" y poco más. Así que entre gestos acabamos la conversación, la cual extrañamente se convirtió en una de las mejores que he tenido en toda mi vida. De verdad. 

Su nombre era Pierre.

Nos relajamos, nos apartamos un poco del resto y a nuestro rollo empezamos a disfrutar de la ciudad. Mirábamos cada uno desde el hemisferio "paragüil" que nos había tocado (el mío el derecho, lo recuerdo perfectamente) todos los edificios y tiendas por los que pasábamos. Y molaba decir "wow look" o "I like this" y señalar todo lo que mi larguirucho dedo alcanzase en su frente de mira. Pierre asentía a todo y sonreía entusiasmado. Yo entendía que a él le parecía todo igual de maravilloso.

De repente, cogió el paraguas. Yo no me esperaba eso en absoluto. Pensé, "uy, que cabrón que me quiere quitar el paraguas", pero no hizo tal cosa, simplemente decidió que yo no debería de llevarlo tanto rato (no sé si llegaron a los 10 minutos pero si que empezaba a cansarme el brazo). 

La cuestión es que yo me escandalicé y enamoré a la vez y durante las dos horas restantes de escapada turística bajo la lluvia, él llevó el paraguas y no permitió que se me mojase ni la punta del zapato. Él acabó para escurrir. En mi defensa diré que torpemente y procurando con mi vida no rozar ni la uña meñique de su mano, hacía ademán de querer llevarlo yo otro rato y él siempre me miraba y negaba con la cabeza muy feliz.

El resto del grupo cuchicheaba y nos decía cosas en bajito y entre risas. Fue la primera vez que no me asustaba que hablasen mal de mi o cotilleasen a mis espaldas. Fue la primera vez que paseé con un chico. Bajo el mismo paraguas. Por Londres. 

Toda la semana restante estuvo evitándome o nunca coincidíamos, jamás lo sabré. El último día me esperó en una esquina de la estación de autobuses que le llevarían al aeropuerto (su avión salía 7 horas antes que el mío). Estaba solo y mirándome fijamente. Ahora esa escena puede parecer muy creepy, realmente lo fue, pero yo caminé hacia él y nos despedimos con dos besos en las mejillas y un abrazo enorme. 

Juraría que le vi llorar. 

Esta historia es real y es uno de mis recuerdos más felices emocionantes e inocentes. Es uno de mis Patronum.

Cuento esta historia, porque cuando esa mujer de luz que os comentaba al principio me devuelve le carga sobre mis hombros, yo intento ser más rápida que ella y abro un paraguas rosa, antes de que me caiga todo encima. Sin duda, me quita el miedo. Igual solo necesitamos abrir un paraguas rosa para dejar de temer.   

Y tú, ¿sabes por qué tienes miedo?



By: Kiissy


lunes, 24 de abril de 2017

EXULANSIS

Qué hastío llevas dentro, lector. Cuánta magia acorralada ahí. Exulansis, toda atrapada en tu interior por un miedo inconsciente que no conoces. ¿No va siendo hora de sacarla? Vamos a ello, para empezar tienes que conocer al carcelero.
Igual te suena su cara porque está ahí durante un café hablando del partido de fútbol de ayer o del trabajo que vas a entregar mañana. No se lleva mal con la felicidad, conviven ambos en un silencio denso, pegajoso, que nos esclaviza la respiración al ritmo del qué dirán, del no soy suficiente… Y lo guardamos en la cartera con los 70 euros para ir a la consulta del psicólogo y contarle incoherencias que por incoherentes, duelen más. Porque al psicólogo no solo van los tristes.
¿Ya vas dibujando su rostro? Exulansis, seguimos. Este miedo no es el que se traduce en comeduras de tarro sobre el alquiler o la enfermedad de la madre que se calman con pastillas, sino de temas sobre los que renunciamos compartir porque la gente es incapaz de entender.
Que hay una carencia ahí dentro, de un algo que debería estar fuera y no. Exulansis. Un puente, un ancla bien oxidada a muy poca profundidad que no sube a la fuerza.  Porque al sentarme a escribir continuamente descarto temas, tiro ideas a la basura como si no fuesen nada, pero lo son todo. Pienso y no entiendo, necesito algo para comprender. Y de pronto esa magia de ahí dentro y dándome una segunda oportunidad dónde rompo con lo académico y profesional y así es como entiendo algo que seguramente tú aun no has pillado. ¿A que no lo has entendido? Bienvenido a mi celda, Exulansis.



Exulansis: Del Latín exulans "vagabundo. Es la tendencia a renunciar a hablar acerca de una experiencia porque la gente es incapaz de entenderla.

By: Kiissy

miércoles, 29 de marzo de 2017

Por las telas de mi cuerpo

Siempre descubro desde la cima de mi mundo que hay unos cuantos críos maltratando el culto. Desde la religión que me toca y la suerte sobrepuesta, me siento por encima del muro y me absuelvo yo sola. 
Destruyo así mi política, mi procedencia con un origen húmedo y el camino recto que me acompaña. 
Me deslizo y acabo con las leyes empeñadas a decidir lo que me toca, sobornadas para rasgar las telas de mi cuerpo. En coalición y sin bendición de autoridad que me salve del verso final.  

Hay muchas líneas que bailan al son del pentagrama, cortinas de humo en clave de mentira. El sol se esconde, no hay sitio para él y aún es mediodía. 
Y es que religiones hay muchas, por esencia y sin descendencia que se prenden furiosas por su principio sin causa.


By: Kiissy

martes, 28 de marzo de 2017

Un mundo que conoces

Es un mundo que conoces, o quizás no. No tiene salida, ni puerta de atrás, no tiene un túnel por el que has entrado o podido llegar. Has alcanzado el mundo sin un camino, simplemente lo tienes, porque ahí estás.

Parece que sí, tienes esa sensación de llegar a alguna parte, el sentimiento mezclado entre el vértigo que encumbra una avenida tras otra y las rotondas de infinitas salidas. 

Las manos que han creado ese mundo que conoces se desperezan con un lápiz entre los dedos, alba tras amanecer... 

En este mundo, que parece que conoces hay un secreto muy bien guardado. Existe una reserva, de esas que enmudecen a los niños. Por cada maravilla que sueñas te inspira el alma una realidad semejante. 

Te pone alas para volar bien alto y bien corto.


By: Kiissy

domingo, 12 de marzo de 2017

El vestido

Fragmento de la continuación de Fey y Merlotte.

Querida Uria, voy a intentar explicartelo todo.

No tengo palabras para expresar cuánto me llena escribirte, lo haré al ritmo de una música, suena en mi cabeza desde hace mucho tiempo... Desde que viví todo esto que te voy a contar... ¿Por dónde quieres que empiece mi amor?

Todo lo que conoces es cierto, todo eso que nos contaban de niños. Los monstruos, las leyendas, existen. Todos ellos viven en este lugar, no es una isla pero está rodeado de cielo y mar; tiene flores pero en el suelo no existe la tierra en la que germinan; se encuentran luz y oscuridad todos los días, pero no hay un horario ni un compás que mida el tiempo. 
Porque en ese lugar no es cuestión del tiempo que te queda sino del tiempo que tienes y si lo sabes, si lo cuentas, desaparece.  
He visto dónde empieza la lava de un volcán y su lengua me ha recorrido desde los pies hasta la cabeza, pero tranquila, no tengo cicatrices ni heridas. Me he excitado cantando a un dios y a varios. Me sentí impuro y libre, merecedor del cielo estando en el infierno y ya sabes que Caronte nunca se equivoca.

Uno de esos días, bajando las travesías entre senderos y disyuntivas volé ¿Te lo puedes creer? Encontré tanta felicidad que pensé que esta ya no podría salir de mi nunca jamás. Creí que mis lágrimas ya no caerían por desgracia sino por magia y querida... He aprendido que el el valor del oro y de las joyas es incalculable, porque ni el más cruel de los sentimientos, ni la más extrema de las penas humanas es capaz de alterar su belleza ante nuestros ojos, somos idiotas Uria. No me queda papel para contarte más, ni imaginación para conglomerar un mundo en tan poca tinta pero cuando vuelva te juro que te haré vivir esto y más, te acurrucaré en mi pecho y te susurraré en canto todo lo que visto hasta que puedas llegar aquí en sueños. Por lo pronto, entrega este vestido a la princesa. Es de extrema importancia que nadie sepa de dónde procede ni su propósito. Confío en ti. 



Kiissy.


Todo final acaba en un principio

No tenía mucho misterio ese dolor de garganta, con esa molestia en el oído, había enfermado de nuevo. La tos le recordaba cambiar la postura...