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martes, 28 de febrero de 2012

Walt Disney

Creo que esta entrada, se la merece Walt Disney. 


Por darme una infancia inmejorable, por hacerme soñar, reír e ilusionarme, porque sin darme cuenta con cada historia mi imaginación se disparaba y miles de puertas se abrían en un futuro no muy lejano, para mi es una gran fábrica de sueños, sonrisas y magia. Solo espero seguir disfrutando de ello como el primer día durante toda mi vida.


Que fácil es creer en un mundo mejor, en lo inalcanzable y en llegar a lo más alto cuando lo ves recreado, cuando a cada valor importante que te regalan lo acompaña una historia y unos personajes inolvidables y fantásticos que hacen que desees con ansias vivirlo todo hasta el último detalle y convertirlo en algo más que una simple oportunidad sino... En toda una aventura.


No duermas pasra descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse.


El valor de la fuerza de voluntad abre caminos.


Piensa, cree, sueña y atrévete.


Podemos aprender mucho de la naturaleza en acción.


Ideas proceden de la curiosidad.


Los adultos son solo niños crecidos.


Nuestro mayor recurso natural es la mente de nuestros niños.


Por cada risa debe de haber una lágrima.


El amor es una filosofía de vida y no una etapa de enamoramiento.


La forma de empezar es dejar de hablar y empezar a hacerlo.


Para crear lo fantástico, primero debemos entender lo real.


Solo espero no perder nunca de vista que todo empezó con un ratón.


Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos el coraje de perseguirlos.


Disneyland nunca estará terminado, seguirá creciendo mientras exista la imaginación.


Una persona debe de fijar sus objetivos cuanto antes y dedicar toda su energía y talento a ellos.


Nunca pude convencer a los financistas de Disneyland era viable, porque los sueños tienen poca garantía.



Todo lo bueno de esta vida empieza con un sueño y mucha fe.

By:Kiissy

domingo, 19 de febrero de 2012

Momentos mágicos

Los sueños son inalcanzables, hasta que los alcanzas por algo inesperado, algo que te hace vulnerable ante los ojos de los demás porque si ya no tienes sueños... ¿A dónde irás a parar? 
Nadie en este mundo los debe controlar, de hecho nadie puede tan solo tu podrás.

Los momentos mágicos son como los sueños hechos realidad no hay que guardarlos bajo llave, hay que dejarlos volar, alto, muy alto para que puedan llegar a los demás, nunca igual que a ti, ni mejor ni peor, solo cumpliendo su función de alentar a todas la personas del planeta, sin importar la etnia, color de piel, el idioma o su situación.

Pero... ¿Eso es todo? ¡Ni hablar! 
Queda prohibido olvidarlos. ¿Cómo evitarlo? Cierra los ojos y recuerda todo lo que te hicieron sentir, pensar, el motivo por los cuales no los quieres dejar pasar.


 Lo único que necesitas para tener momentos mágicos es tomar la iniciativa y creer en ti mismo, más allá de lo que diga la gente y de sus expectativas de la vida, posiblemente ellos se queden atrás tu y yo alcanzaremos lo inalcanzable, nos comeremos el mundo entero con salsa dulce y picante y lo veremos todo desde la cumbre, ten solo hay que dejar que las cosas pasen.


By Kiissy

sábado, 24 de diciembre de 2011

Lovely Daddy

Alasse escribía una y otra vez la carta a los reyes magos y Santa Claus. El pompón al final del bolígrafo se agitaba incansable mientras ella fruncía el ceño, tiraba la hoja y volvía a empezar.


Sus labios formaban una fina línea de determinación, este año quería conseguir el regalo más grande que se puede pedir, este año su padre volvería de la guerra por navidad.


-Alasse hija, coge el teléfono.
Alasse corrió al piso de abajo para responder, su madre estaba embarazada de 7 meses. Iba a tener un hermanito y trataba de que su madre no hiciese ningún esfuerzo innecesario.


Su madre, Devorah, Decía constantemente que cuando naciese el pequeño Corey su deseo de navidad se habría cumplido.


-¿Diga?
-Hola querida.
-¡Abuela!
-¿Qué le parece a tu madre ir a comer a un restaurante hoy?-Alasse miró el reloj sorprendida.
-¡Pero si son las dos de la tarde!
-Lo se, pero se me ha ocurrido así de repente y...


-Alasse, ¿Quién es?


-Ho, ¿Esa que oigo es tu madre?
-Si abuela, ahora te la paso.


La pequeña le tendió el teléfono a su madre y se quedo expectante a la conversación.


-¿Devorah?
-Si mama, dime.
-¿Que te parece que vallamos a comer a algún sitio?
- ¿A comer, eh?- Se hizo un silencio en ambas líneas de teléfono, Devorah observó detenidamente los ojitos suplicantes de su hija, hasta que de repente dijo:
-Vale, está bien, pero a algún sitio cerquita, que no puedo coger el coche con Corey dando pataditas.


La abuela rió alegre
-Muy bien, pues paso a por vosotras en un ratito, ¡Estad preparadas!.
-Si, hasta luego.




-¿Y...?
-Venga cariño, vístete que nos vamos con la abuela.


Alasse fue a su cuarto corriendo feliz por el inesperado plan y rebuscó en su armario, hasta dar con el conjunto perfecto. Pero, antes de salir de la habitación escribió algo más y selló la carta.


Fueron al Cha-fla, un restaurante de comida Japonesa. Se sentaron el una de las mesas cercanas al cristal y hablaron de todo un poco, su abuela le brindaba tiernas sonrisas al ver a su nieta aburrida, removiendo un taquito de sushi que le quedaba deshecho en el plato.


-Alasse, tienes que acabártelo todo o Santa creerá que eres una mala niña.
-No, Santa sabe de sobra que me porto bien. Y mamá, ¡Tenemos que enviarle la carta a Santa!
Devorah y su abuela rieron y contianuaron con la conversación.


Un rato después Alasse había acabado con el sushi, por miedo a que Santa la pusiese en la lista de niñas malas y fueron a enviar la carta.


-Bueno chicas, gracias por la comida, nos veremos en Noche Buena.
-Adiós mama.
-¡Adiós!
Alasse le dio un sonoro beso de despedida y Nora, se fue a casa.


Desde dos manzanas antes, ya se veía el enorme edificio de correos, Con una gran cúpula que desprendía su propia luz. Unas columnas de mármol cobrizo en forma de espiral daban paso a la entrada del lugar.


-Qué bonito es. Parece que la navidad le da... Algo especial ¿No?
Como toda respuesta, la pequeña asintió y cogidas de la mano entraron.


Lo primero que vieron fue un gran árbol de navidad decorado en oro y mate, con una brillante estrella vigilándolo todo desde lo alto.


A través de las ramas pequeños copos de nieve se habían acomodado y formado una suave capa blanca.


-¡Mira mama! ¡El árbol de navidad mágico!
-¿Mágico?
-Pues claro. ¿No ves que está nevado y bajo un techo? ¡Eso sería imposible sin magia!


-Señoritas, ¿Puedo ayudarlas?
-¿Eh? Disculpe señor, no le había visto.
El hombre rió


-Es normal, no se ve un árbol mágico todos los días.- Contestó guiñando un ojo a Alasse quien le repuso con una gran sonrisa.



-Venimos a mandarle la carta a Papa Noel.-Dijo Deborah.
-Ho, así que es para Santa ¿Eh?, ¿Y le has pedido muchas cosas?

El hombre era alto de pelo castaño claro, recogido en una larga coleta, vestía el uniforme de funcionario, como los demás. Su nombre lucia en una pequeña y plateada plaquita sobre el pecho:
Denis.

-No, no muchas.-Contestó Alasse.
-Pues entonces seguro que te las traerá.-Cogió la carta y les señaló que le siguiesen.

Atravesaron toda la sala principal. Niños con cartas y sonrisas danzaban de un lado a otro con sus respectivos padres tratando de alcanzarles.
Otros funcionarios atendían sin descanso todos los envíos.

Denis se colocó tras una urna dorada que tenia una ranura en la parte superior, escribió algo en la parte inferior de la carta y se la entregó a Alasse.

-¿Quieres enviarla tu?.

…………………………………….


Mientras, en el Polo Norte…

-¡Vamos chicos! ¡No queda mucho para que cierren todos los correos del hemisferio Sur!
-¡¡5, 4, 3…- Las cartas y paquetes seguían cayendo, uno tras otro, por lo que parecían enormes tuberías mágicas de oro.

Traían cartas de todas las partes del mundo.
Cada carta es una ilusión, un deseo, un anhelo de amor, esperanza e ilusión.

-2,1,0!! -Con un estrepitoso sonido las cartas dejaron de caer y de pronto todos los gnomos elfos y duendecillos que habían estado en ese turno se felicitaron mutuamente, y despejaron la zona para ir a descansar a sus pequeñas cabañitas.

Cada una estaba construida por el mismísimo Santa Claus, del material que su habitante más apreciase. Todo cuidado hasta el último detalle y cuando entras en ellas, la magia y amor invaden tu corazón.
Pero… ¿Quién no iba a estas colmado de gozo y alegría en el reino de Santa Claus?

El siguiente turno entró rápido.

La señora Claus selló los labios de su marido con un beso, ambos miraban a los pequeños duendecillos y elfos trabajar duro, pero él también tenía mucho que hacer, leer todas esas cartas una por una, clasificarlas y luego un cansado y laborioso tiempo gastando hasta la última gota mágica para conceder los deseos y peticiones de todos los niños buenos del mundo.
Noche buena era la recompensa, una vez que viese su trabajo reflejado en las sonrisas de los niños.

Todo final acaba en un principio

No tenía mucho misterio ese dolor de garganta, con esa molestia en el oído, había enfermado de nuevo. La tos le recordaba cambiar la postura...