Cuenta bien, desde el principio
Qué te costó
Qué te hizo volar
Qué te valió la pena
Qué te quitó lo que querias
Qué volverías a pagar
Qué vas a ser
1
2
3
Cuenta bien, que esta vez la tercera será en infinito.
Cuenta bien, desde el principio
Qué te costó
Qué te hizo volar
Qué te valió la pena
Qué te quitó lo que querias
Qué volverías a pagar
Qué vas a ser
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Cuenta bien, que esta vez la tercera será en infinito.
Mi círculo es un lugar donde no se entienden mis bromas, dónde los abrazos faltan y la mirada se cambia de lado a lado de la casa, cualquier cosa con tal de no cruzarse con ninguna otra alma.
Donde la vergüenza por lo que soy se siente como error, así como el error de ser lo que soy.
Mi casa es un bloque de suelo fino, con muchas grietas que entre horas y dejar pasar la vida, a veces tiembla y pincha, la ansiedad que le da la rabieta y te grita.
En este lugar no tienen cabida las conversaciones con un sano amor ni las noches sin techo.
Porque querer mucho pero con miedo y sin cuidado, es preocupación, victimismo y lastre para el cuerpo.
Mi círculo es difuso, no se mueve no se expande y no se comporta como un círculo sino como un agujero solo crece en profundidad y cuando vi tu foto, los dos claveles uno rojo y uno blanco, ya no eran sofás sino flores y ya no era yo sino ella y ya no había un a lo mejor ni un ojalá me sane.
Un ya no puede ser por ti, ahora debo seguir por mi.
Mi círculo corroe, y espanta, y yo le enseño y le muestro como hacerlo suave, como querer bien y bonito.
Por el camino acabo en el fondo y desde ese fondo confieso que hay una honestidad, vulnerabilidad y certeza humillante de lo que es lo que queda cuando tú sanas... porque entonces todo mi círculo parece huir.
Un templo de pegatinas.
Una lágrima de mentiras.
Una comida de foto.
Unos bailes para el olvido.
Un proceso doloroso.
Un beso, solo eso.
Feliz año, eso quiero.
Queridos Reyes Magos, llevo casi un mes estremeciéndome por dentro, porque ya llegan las navidades.
Disculpad la demora de la carta, pero no tenía ganas.
Aunque siempre lloro con las pelis en las que un tipo corriente os saca de un apuro y salva la Navidad con el amor de su vida, ya me pica que no me pase a mi.
Os pediría otra vez a una pareja como Helena, pero que poca chispa tenía. Daba la postal de peli romántica perfecta, pero aburría hasta al muérdago, así que no. Y a un Raúl ni de lejos, que me dejó con las astas preparadas para tirar del trineo de vuestro colega Noel.
Este año, con que la teoría de diciembre deje de cumplirse conmigo me quedaría satisfecha, ya sabéis la que dice que todo lo que construyes en enero se te cae encima al final.
Y aunque también sonrío con las calles iluminadas y al veros en la cabalgata, cada año se me hace más cuesta arriba. Y es que la frase de “este año según mi presupuesto os lleváis todos un abrazo” ha pasado de ser un meme a una realidad.
Y no me hace ninguna gracia. Así que a un dinerillo no os diría que no.
Tampoco os voy a pedir que me ayudéis a cumplir los propósitos de año nuevo, porque no tengo ganas de hacer ninguno, la verdad.
Además, el año pasado ya me di cuenta de que siempre me ponía la misma meta en enero:
Básicamente, dejar de ser yo, para ser alguien mejor.
Y la verdad que visto así, es normal que nunca lo cumpla.
Supongo que la magia de la Navidad es que cuando empieza, nunca me veo capaz de superarla, pero cuando acaba, incluso la echo un poquito de menos.
Sé que mamá os pidió que yo naciera y se lo cumplisteis. Tal vez solo cumpláis deseos de esos, tiernos y ñoños. Por si acaso, por si nadie más lo pida y que no se diga que esta mente privilegiada no lo ha tenido en cuenta, os pido la paz mundial, la cura del cáncer y que mi abuela todos los años vuelva a emborracharse con sidra, de la que le gusta a ella, esté donde esté.
Feliz navidad.
P.D Por cierto, aunque no me traigáis eso del dinerito, os dejaré unos bombones bajo el árbol, para que os vayáis contentos a la siguiente casa y a ver si con ellos os estirais más.
P.D2 El árbol este año es una tira de luces led en zig zag pegada a la pared con celo que no cabía el otro en este alquiler.
Te tengo que dar las gracias por tu siempre amable mirada, tus puertas abiertas, tu ilusión a trompicones, los saltos de fe que dabas cuando me mirabas.
Te agradezco las tardes en el sofá rojo y en marrón también. Te agradezco la botella de agua familiar que nunca faltaba y que ahora siempre empaña mis recuerdos de lo que pudimos crear...
Pero nos pudo el miedo, la duda, el ahora no y el que dirán.
No supe gestionar tus negativas y no supe gestionar las lágrimas tras volver a sentir todo lo que guardaba a buen recaudo bajo mi piel, no supe hacer más cuando decidiste que ya bastaba, no supe ver que aunque tal vez lo intentaras, ya no querías nada.
Me diste durante un tiempo la vid
Tus ojos fueron amparo de los peores días y aún así, mi corazón no pudo parar ahí.
¿Recuerdas los lápices del colegio?
Los de punta del 2, negros y amarillos.
El otro día pensé que eran como una abeja, si afinabas bien la punta, mejor letra hacía pero era más probable que se me rompiera.
Puede que sea afinar mucho, pero creo que la forma de encontrar nuestro renglón en el mundo para escribir nuestra historia, depende de lo afilada que tengamos la punta.
Lo exigentes que seamos con el mundo, o dicho de otra forma, lo afilada que tengamos la punta que sacamos al mundo, dará como resultado rompernos por el esfuerzo de siempre estar hilando fino o dejar por ahí marcado algún trazo más grueso porque dejamos que se nos desgaste la punta.
Aquí todo vale, no hay juegos, pero sí inconsciencia. No es inocencia, es inconsciencia. Un papel en blanco para crear, mil líneas que escribir...
Qué peligroso me parece enfrentarse al mundo con un papel y una punta de lápiz afilada, qué locura es el empezar a escribir un papel de niño y acabarlo siendo viejo y pretender que la punta sea igual de fina, que la letra no haya cambiado y que la historia tenga coherencia.
Pero de alguna forma, siempre lo logramos, todos acabamos escribiendo nuestra historia con nuestro propio idioma y lenguaje, eso es admirable.
Estamos hechos para contar nuestra historia, con un lápiz, aunque sea sin punta.
Cuenta bien, desde el principio Qué te costó Qué te hizo volar Qué te valió la pena Qué te quitó lo que querias Qué volverías a pagar Qué ...