Se han ido las culpas miedos y los grandes logros también. Nada me pertenece, ni lo bueno ni lo malo, lo doy todo para sentirlo más y mejor.
Lo cargo todo noche tras noche en un globo que entrego al sueño, asciende hasta que lo pierdo de vista, igual que las memorias de lo que un día nos robó el aire y nos hizo rompernos y gritar al aire.
Todo se va, se entrega y solo queda lo que se agradece cada noche. Solo guardas tu último aliento, ese momento de ser por última vez y dejar de saber cómo es el color del amanecer.
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Muy buen consejo. Habría que hacerlo para estar más cuerdo. Me ha encantado tu blog, me quedo de seguidora y te invito a que te pases por el mío si te apetece (es Relatos y Más, es que aparecen dos en el perfil).
ResponderEliminarUn abrazo.