Si defines el punto de partida sobre un pilar de miedos, el punto y final tropezará con su final como si fuera el protagonista de Crónicas de una muerte anunciada.
Si comienzas un camino sin meta, si trabajas sin la ilusión del logro, si vives en constante desaliento, si no te das placer, si no quiebras y tropiezas para volver a echar a correr...
Mejor no definas un punto de partida.
Llámalo puntos suspensivos, paréntesis, comillas, separa ese punto como mejor sepas del resto de tu vida, hasta que encuentres el valor y el motivo que te haga empezar algo bajo un manto de alegría.

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