Tinieblas que inundan tu ala pueden hacerse ver y abrirse a todos los de tu alrededor, el incienso y el oro puede ayudarte a atravesarlas, las primeras flores son las guías de tu cuerpo y de tu alma, lidiar con el odio la desesperanza y el rencor es algo sencillo para ti, el objetivo es el tuyo.
martes, 9 de febrero de 2021
jueves, 28 de enero de 2021
Puedo decirlo con orgullo
Que soy la que quise ser hace unos años y seré la que quiero ser hoy.
Aprecio lo que tengo y no deseo lo que me falta, aspiro a tenerlo hasta conseguirlo.
Me sobra espacio en el alma para las aventuras que he vivido y las que faltan por vivir
Que ni una pandemia mundial me ha podido quitar
A veces me da calor, del pecho a los pies y la cabeza me arde apoyada en la almohada, inspiro la necesidad de encontrar el valor para levantarme un día más...
Y cuando sale el sol me repito, que puedo decir con orgullo, que ninguna noche es lo bastante fuerte como para matarme y que como parte de la luna me muerde la oscuridad pero siempre vuelvo a llenarme.
lunes, 25 de enero de 2021
Ni rota ni mejor
No volveré ni rota ni mejor.
No tendré en mente la fuerza para rehacer la intensidad de tu partida.
El sentimiento de la vida no es más fuerte que el de la muerte.
Las peores mentiras son las que me cuento a mí mismo.
Jugar con el género me parece lo más divertido.
Ojalá ese entorno lleno de apoyo paz y alivio.
Quiero encontrar el lugar en el que la enfermedad es una oportunidad de demostrar el amor y compañerismo.
Ese lugar lo llevo dentro pero quiero rodearme de ese entorno en el que sé bien qué es lo que quiero.
No habría nadie solo si los abrazos no se regalasen.
No habrían noches de odio si durante el día viéramos a quienes queremos.
No tengo que ser nada ni nadie más allá de sentirme libre de todo aquello que pueda tener,
y para qué tenemos los días si no son para vivir.
martes, 1 de diciembre de 2020
Era 2 de diciembre
Era diciembre, 2 de diciembre.
Vi un largo camino a la derecha, las rocas color coral y azufre que adornaban los laterales me parecieron cosa de magia así que empecé a andar.
Ese día mis pensamientos iban como balas, que volaban hacia todas las direcciones a gran velocidad y lo único que me mantenía ligada al presente eran las frías puntas de mis dedos que se estaban poniendo coloradas a pesar de llevarlas en los bolsillos.
Los días de esa semana se me habían hecho eternos, pero sentía que algo grande iba a pasar... Suponía que era un desesperado recurso de mi mente que me decía "aguanta, tras un gran esfuerzo llega la recompensa".
La chaqueta de lana que llevaba empezó a cubrirse de pequeñas picas blancas. No podía creerlo... ¡Nieve!
De golpe dejaron de importarme los pensamientos de cansancio y el dolor de mis dedos congelados. ¡Estaba nevando!
Cuando miré hacia arriba vi un pequeño destello, algo fugaz pero no estaba en el cielo así que no podía ser una estrella...
Volví a mirar, hacia arriba pero la inercia me hizo seguir caminando cuando desistí de encontrar algo... Pero algo volvió a llamar mi atención.
-¿Hola?- Pregunté- siempre me habían parecido muy tontas las protagonistas de las películas que preguntaban al aire si había alguien... Pero es que de verdad había escuchado algo esconderse tras una de las rocas de los lados del camino.
El tintineo que había escuchado, para mi sorpresa, volvió a sonar y se hizo más intenso.
Me acerqué cuidadosamente e incrédula me choqué con unos grandes ojitos mostaza y leña chisporroteantes de alegría.
-¡HOLA!
-¡AAAAAAAAH!
-Oh... ¿Te he asustado? Lo siento.
El ser de luz apagó despacio el aura brillante de su alrededor y se me quedó mirando.
Mi estupefacción no me permitía moverme, pero pude preguntarle si era un ángel.
-¡Qué tontería!- exclamó ella, al empezar a reírse volví a escuchar el tintineo y su luz brilló de nuevo con fuerza. - Yo soy un hada
-Un hada.
-Sí, eso he dicho.
-Un hada...
-Que sí, un hada.- Revoloteó algo ansiosa delante de mi y añadió- Oye, ¿te ha gustado?
-¿El qué?
-La nieve, que va a ser.
-Un hada...
-...
-Un hada que hace nieve
-Creo que mi rey tenía razón, es muy difícil hablar con humanos... Yo quería hacer una amiga, ¿sabes? Antes de reencarnarme en humana quiero decir.
Yo no podía mediar palabra, aunque tampoco hacía falta, parecía que el hada se bastaba por si misma para hablar por los codos.
-Pues es que me daba un poco de miedo venir aquí como humana, ya sabes... Una cosa es hacer la nieve y pintar las piedras, el césped, hablar con los animales... Y otra muy distinta venir aquí a disfrutar de ser humana.
El pequeño ser me contó que las hadas trabajan toda su vida para pintar el mundo y crear almas. Cuando mueren vienen en forma humana a disfrutar del trabajo de todos esos años, pero no recuerdan nada de su vida de hada.
-Osea ¿Que soy un hada?
-Fuiste un hada
-Pues mi vida no parece un regalo...
-¿Cómo que no?
-Estoy agotada...
-Bueno... ¿Quieres que sea humana contigo?
-¿A que te refieres?
- Dame tu mano.
Le tendí la mano sin saber muy bien lo que hacía y el hada me cogió el dedo índice- ¡Querida...! Ejem...
-Lourdes, me llamo Lourdes.
-Vale, ¡Querida Lourdes te prometo que el 2 de diciembre de 1992 un hada llegará a ti para hacer que tu vida sea toda una aventura extraordinaria!
-¡1992! ¡Eso es dentro de 15 años!
-¿Cómo quieres llamarla?- Ignoró mis exclamaciones y siguió divagando- A mí me gusta Leire, suena musical... Porfa, ¿Podrás llamarla Leire?- Yo asentí con la cabeza.
-Ya verás... Será la flor más bonita de todos los jardines que he pintado en mi vida... ¡Como una preciosa rosa!
Tintineó y brilló tan fuerte que tuve que ponerme la mano delante de los ojos. Cuando retiré la mano, estaba sola.
Sola en un camino pintado por hadas, con nieve líquida en mi chaqueta y con la boca abierta me quedé ahí...
Seguí caminando pero lo que no pude ver es el destello que atravesó la espalda. Un destello lleno de magia y mucho polvo de hadas que hizo que olvidara todo lo ocurrido esa tarde... hasta hoy.
Felices 28, mi rosa.
sábado, 7 de noviembre de 2020
El verdadero protagonista
Quedé relegada a un segundo plano en mi propia vida. Como si todo estuviese ya escrito y yo esperara a que el editor de mi vida escribiese hasta los agradecimientos.
Ya apenas me conmovía cuando alguna herida del pasado se reabría con nuevos acontecimientos.
Recuerdo el día que me encontré a un compañero del colegio en la frutería. Me hubiesen podido comparar con los tomates cuando toda la sangre me subió a la cara y notaba el pulso en las orejas, como cuando se metía conmigo clavándome el compás en la espalda o intentando levantarme la falda.
Sopesé darme la vuelta pero mis instintos de huida también estaban bloqueados. Cuando él me reconoció me saludó con un leve movimiento de cabeza y media sonrisa desinteresada y siguió comprando medio kilo de naranjas.
Yo imité su saludo como si fuera su imagen reflejada en un espejo, aunque por dentro me sentía atrapada en los 14 años y totalmente humillada con todos los recuerdos que recorrían en avalancha todo mi ser.
Ahora, ese tipo de acontecimientos ya no me sumían en ese caos de emociones. Había aprendido a dominarlos, sin intención, pero eficazmente y dejaba que me recorriese por todo el cuerpo el sentimiento.
Como si me hubiesen inyectado en vena un compuesto de sedante con un poquito de amargura y el toque de salsa agridulce. Así me sentía mientras miraba el devenir de mi vida capítulo tras capítulo y las promesas del pasado romperse una tras otra.
Mientras se disolvían ante mis ojos yo les iba pasando turno por mis pensamientos como el cura que pasa la confesión de los domingos a las 6 en punto de la mañana. Una vez ya calmadas las aguas no me quedaba otra cosa que escribir.
Ver a mi ex diciéndole lo mismo que me decía a mí.
Saludar amablemente a la profesora que me hizo quedar como una ladrona con 7 añitos delante de toda la clase. Me apodaron la manos largas aunque se demostró que yo no había robado aquel dichoso libro.
Tener que darle la razón a la arpía de turno que me decía, "vaya, al final no has encontrado trabajo de lo tuyo". Me amargó toda la carrera para que dejara el periodismo porque eso "no tenía futuro".
Cada una de esas ocasiones transmutaban en una página de mi libro. Por suerte, encontré oficio a base de encontronazos con esas y muchas más heridas del pasado, ya que no solo eran muchas sino que yo tenía un imán especial para atraer aquellas situaciones.
Los malos momentos se me repetían tantas veces al día como una sopa de ajo mal bebida y a su vez escribía más que dormía. Hasta que acabé el libro, por fin lo tuve en mis manos.
Siempre veía las estanterías de las librerías de mi ciudad repletas de los libros de mis amigas y ex parejas. Ahora que todo el mundo tenía un libro yo me sentía estúpida de concertar una cita con una de las editoriales más prestigiosas del país.
Cogí la mitad de lo que tenía ahorrado para pagarles un par de correcciones. La otra mitad era para publicar el libro con tapa dura, un capricho movido por la vanidad.
-Este capítulo es prescindible.
-No lo es- le repliqué a Marisa, la de la editorial cara.
-¿Qué aporta? 15 páginas enteras de pensamientos de la protagonista sin los cuales la trama sigue avanzando exactamente igual- La mujer, que iba de guay y poco convencional se sacó del chaleco desteñido un par de bolígrafos y tachó con una cruz el capítulo 7.- Muy bonito, pero aburrido para el lector.
-Mantuve el aire en los pulmones unos segundos antes de hablar- ¿Se supone que los pensamientos del protagonista no importan?
-Claro que importan, pero te equivocas de protagonista.
-No me entero de lo que me quieres decir.
-Eso es evidente.- Mi mirada paralizó por un momento la frivolidad de la señorita new age.- Verás, el protagonista aquí no está en la tinta de tu libro, sino sujetándolo.
Entendí su punto de vista pero quería que siguiera hablando, como esperando a que convenciese no solo a mi razón sino también a mi orgullo.
-Quiero decir, que al lector que está enganchado a la trama no le importa lo que piense tu protagonista, sino lo que lee le hace pensar y sentir a él. El lector es el único protagonista que importa realmente.
Iba asintiendo dócilmente pero con una terquedad que me tensaba el cuello como las cuerdas de una guitarra. Con esa perspectiva tendría que cambiarlo todo.
-Por cierto, una cosita más...- Miré con fijación su tentativa de decir lo que de verdad quería decir o salir del paso con una banalidad de tres al cuarto- deberías de escribir menos sobre tu vida personal... las que van de víctimas y heroínas no suelen caer bien.
Había optado por la verdad y eso honraba a su persona y el dinero que me había gastado en esa corrección, muy a mi pesar.
-Gracias Marisa.
-Nos vemos en la próxima revisión.
-Y última...- Deslicé ente dientes.
domingo, 18 de octubre de 2020
Café y sexualidad en peligro de extinción
Hoy te hablo de preparar café por primera vez en una cafetera de las buenas, de esas que hace unos años salían en la tele.
Todo te sabe a cafetería de lujo en tu propia casa gracias a las capsulitas hiper caras. Desde el capuccino hasta el expresso italiano, todo bueno.
Qué locura.
Mientras me tomo un café de esos pienso en el sexo y la sexualidad como productos culturales en su evolución histórica y en cómo la sociedad ha decidido generar y derrocar tabúes a sus anchas entorno a esto.
Qué locura, otra vez.
Es lo que tienen los cafés tan exquisitos, que te llevan a sitios de los que es complicado salir sin mojar.
Ya sabes que el café es una analogía del sexo según Bosé ¿no? Bueno, sigamos.
Creo que la sexualidad está en peligro inminente.
Desde el boom de la mujer hipersexualizada se ha ido bajando la intensidad sexual femenina.
Ese boom ayudó en su momento a que a las mujeres se nos considerase una parte activa en las relaciones sexuales.
También se nos reconoció el derecho de sentir placer (porque sí, alguien, en algún momento, decidió quitarnos el derecho y luego tuvimos que reconquistarlo).
Pero bajo un pretexto feminista y necesario, la sexualización y, por qué no decirlo, la codificación femenina, ha bajado hasta el punto de que ver un videoclip de Jennifer López de 2012 me escandalice de culpabilidad y pena por las mujeres que salen ahí.
jueves, 10 de septiembre de 2020
Te levantas y BOOM
Un día te levantas y BOOM. Te das cuenta de que la vida te ha calado fondo.
Te preparas el desayuno enfocada en tu trabajo, empiezas la jornada y te coordinas con otros proyectos...
Al cabo de unas horas, cuando pensabas que de tanta información consumida ya nada es relevante, te encuentras haciéndote las mismas preguntas que te pidieron que te hicieras cuando empezaste a trabajar.
Esas preguntas que te hicieron pensar "Bueno tranquila, no llevas ni dos semanas trabajando, por eso no te las haces"
¿Qué valor estoy aportando?
¿Cómo puedo dar más?
¿Me exijo suficiente?
Y ahí sabes que te ha calado todo, que lo has conseguido y que la vida es una carrera de fondo y muy a largo plazo que discurre en la sociedad del LO QUIERO PARA AYER.
El día en el que mis amigas y yo nos dimos cuenta de que nuestros padres estaban constantemente improvisando, igual que nosotros ahora, nos dio un bajón.
Saber que esa sensación de estar abocados a un vacío existencial constantemente no desaparece... Solo se aprende a gestionar. Unos mejor que otros y eso lo determina lo bien o mal que te haya calado la vida.
Porque la vida te cala hasta el fondo. Un día te levantas y BOOM ya no eres la misma por culpa de esa estúpida charla en el ascensor con la vecina del sexto. Ya no vas a decidir igual qué ropa ponerte por esa serie que viste el domingo antes de hacer la siesta...
Todo cala, marca, deja huella y nosotros en este mundo, improvisamos y cambiamos, nos adaptamos...
Por eso, el día que me vi haciéndome las preguntas exactas que mi jefe me pidió que me hiciera cuando entré a trabajar me dije, bueno, para mejorar solo hay que saber seleccionar lo que voy a escuchar
Todo final acaba en un principio
No tenía mucho misterio ese dolor de garganta, con esa molestia en el oído, había enfermado de nuevo. La tos le recordaba cambiar la postura...
-
No entendemos la vida porque no hay forma de entenderla. La vida es el constante error de vivirla. Errar constantemente es lo que le da s...
-
¿Recuerdas los lápices del colegio? Los de punta del 2, negros y amarillos. El otro día pensé que eran como una abeja, si afinabas bien la ...
-
No es lo mismo que te despidan de tu trabajo que en una cama de hospital. No sabe igual despedirte de tu piso de soltero que de casa de tus ...


