No hay nada mejor

No hay mejor sentir que ese que te llena el pecho. Repleto de grandes esperanzas, hinchado de tus dedos, de tu sonrisa... Y es que esa maldita me ocupa media vida. 

Entonces, me rocé con el límite, que es cortante y palpita. 1 y 100 veces me convencí de que la magia que teníamos era para siempre. 

En ese momento descubrí, después de remar 1 y 100 millas con heridas en sal, que no hay nada mejor que sentir esa libertad al recordar, después de que te fueras, que la magia seguía en mí, sin ti. 


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