domingo, 26 de noviembre de 2017

FRAGMENTO: CAMARADA. FEY.


"-Me alegro de verte, respiró sabiendo que le hablaba a un cadáver.
-Tal vez sea la última vez.
-Tal vez.
Chocaron los puños como siempre, camaradas durante 5 duros años que ahora llegarían a su fin como siempre habían imaginado, con la muerte a sus pies.
-¿Sabes qué es lo que más me incordia en el mundo?
-¿A ti te incordia algo? A buenas horas me entero.
-No saber gestionar mis sentimientos porque no puedo odiar o amar y punto.
-No te entiendo.
-No puedo odiar a los que me van a quitar la vida porque les he provocado yo.
-Mhm... Entiendo.
-¿De verdad?
-Sí, creo- Dijo rascándose la parte de atrás de la cabeza rapada. Y añadió: -Es como cuando me dejó mi ex, fue culpa mía y yo seguía amándola así que nunca he podido dejar de hacerlo.
-¿Tú has amado? A buenas horas me entero. -Guiñó el ojo a Luca, acompañado por un choque suave de hombros en un balanceo honesto, muy típico de Fey."




viernes, 24 de noviembre de 2017

Paciencia por favor...


... que me estoy muriendo.

Querido Papá Noel

Querido Papá Noel,

Pocas cosas hay más personales, que las letras que salen del alma. Esas letras apuntadas en una servilleta de la cafetería de la estación. Las que caen con la fuerza de los dedos a través de un teclado. La letras, que juntas, describen lo que hasta entonces pocos pueden imaginar. Letras que forman historias personales, desde lo más profundo de un ser, para otro. Ahí está la clave. De un ser, a otro.
Juntar una vida con otra, en la misma tinta. Unir lo más primitivo del ser humano, los sentimientos, con lo más básico, la comunicación.

Supongo que querrás que deje de contarte rollos y que te diga que quiero este año, pero tengo que demostrarte todo lo que significa para mi lo que te voy a pedir.

Es tan sincero escribir una canción para otra persona, como fundamental es el hacérselo llegar. Un compás, al ritmo del latido del corazón de quien lo compone, intransferible y directo. La melodía de la letra es un reflejo que potencia los colores de las palabras, marca el tono de una conversación cuyos interlocutores son el corazón del emisor y la razón y memoria del receptor. 

Quiero vibrar con la huella de mi en otra persona. Saborear con mi boca al pronunciar cada nota y hacer visible un intangible. Recordar, al compás, las memorias que han marcado su vida y en las que he sido al menos, en una quinta parte, protagonista. 

Querido Papá Noel, quiero tener ese privilegio y si puede ser, que todo el mundo tenga una canción esta Navidad aunque no suene, aunque tenga forma de abrazo, de beso, un apretón de manos, una mirada... Porque lo que cuenta es oír ese latir, ponerle música al momento que te hace conectar con el otro.

Porque nos necesitamos, porque este año me ha superado todo y solo me quedan las personas. Confiar en ellas, en su interior, es lo último que puedo hacer y sé que es un suicidio, pero lo voy a hacer. Sé que lo que oiga, será precioso. Por eso quiero, que estas Navidades, me regalen una canción.

Dame una tregua y te prometo que este año seré buena.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Cómo escribirle cartas al viento

Se nos ha olvidado cómo escribirle al viento cartas. 
Se disuelven con el agua y están perdiendo densidad. 
En el aire se agolpan las corrientes de grandeza que desprendíamos de niños por cualquier cosa, un gusano, una concha, tu sonrisa... Si, esa era la que daba más risa, por sencilla y de verdad.  
No creo en los arrepentimientos aunque viva constantemente de segundas oportunidades. Porque justo antes de hacer algo, sea lo que sea, hay un segundo en el que se es totalmente consciente de cómo y por qué escogemos ese camino. 

Por eso es que a mi se me están olvidando tus matices. Decidido o provocado con tu presencia intangible, como casi siempre ocurre en las primeras veces. 
Claro que lo sabía, pero eso ya lo hablamos. 

Porque siempre, esas primeras veces, vamos deprisa, sin medida, hasta el corazón y llevamos en vendavales el sentimiento que se queda sin oxígeno a pesar de estar en medio de un tifón. No es de extrañar que te vaya difuminando entre el día a día y mis horas muertas, que si están muertas por algo es. No es bueno camuflarte en esa ausencia y tampoco recriminarla pero es que entre la retirada y la soledad elijo mi convivencia.

Al final entre tu, él y el mar se ha escrito algo, a pulso de cabezotas y a patinazos sobre algo que no es hielo ni justificable. 
Enhorabuena, que al fin y al cabo para eso estamos viviendo.
Se nos ha olvidado como escribirle al viento cartas, porque a la galerna se le escribe despacio, a kilos de tinta por peinado alborotado y así debe de contarse para que tenga la consistencia capaz de aguantar las lágrimas que la arrastren.

No sé quién ha vuelto pero aquí hay alguien escribiendo, tengan paciencia.

Destronada

El cuento en el que la reina se dio cuenta de que de su castillo había sido destronada. Cómo corrió la tinta de los pétalos de cada una de...