sábado, 8 de junio de 2019

Les tiene miedo.

Tiene la cara como un esqueleto de cabra, tiene el morro ennegrecido por el ahumado de los años y el desgaste de los cirios que le salen de la cuenca de los ojos. Los cuernos se vuelven hueso ocre tal y como suben enroscados desgarran el tejido de la capucha que le cubre la nuca.

Lleva una túnica azul, parece un kimono y su bordeado de flores rosas y verdes se desenvuelve entre el contraste de las mangas vaporosas. 

No se le ven las manos, en el vacío de la extensión de sus muñecas se puede ver la llama de los que han perdido la esperanza pero no la fe y carcomidos por el odio de quienes les han hecho perder.

Parece una estatua, una de esas de los parques bajo la que los niños juegan a desenterrar las piedras más pequeñas y se ríen sin miedo porque saben que están bajo el amparo de un futuro que lejos de ser incierto, a ellos les tiene miedo.

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jueves, 6 de junio de 2019

La última

Como barrer una playa de arena y sacudir el sol para secarle las lágrimas.

Como la bandera que se rompe si sopla el viento y las huellas que se borran sobre cemento húmedo.

Una casualidad escrita que acaba en -e siendo -a. 

Un relámpago cuando se funden las luces.

La última mirada cuando todo indica que ya no hay nada más que ver.



miércoles, 5 de junio de 2019

Juicio de 15 minutos

¿Hoy habéis vuelto a hablar, verdad? Dime, ¿qué les has dicho?

¿Cuántas noches le has dedicado a pensar en lo que hiciste?

Porque yo a veces sigo sin dormir por culpa de tu ignorancia.

Tu castigo solo lo conocerás tú porque... yo no me quedaré ni como espectadora ni ejecutora.

El castigo de los que hablan alto es una sentencia pública, una muerte a gritos y un descanso para el olvido en una era donde el juicio es online y los próscritos se llaman valores y moral.

15 minutos de fama, 15 de angustia, una reputación de por vida y cientos de voces que intentando argumentar, opacan la verdad del inocente, que, aunque no es la única verdadera, si es la única que debería ser escuchada. 

Porque las injusticias deben tener la voz del débil y no de quien se aprovecha de ellas y vive en la moralidad del accidente.


lunes, 20 de mayo de 2019

Deshea

Hay personas que son el cambio y hay cambios que mueven personas. 

Hay personas que necesitan de esos cambios para moverse, y las hay que no necesitan de nada ni nadie para dar un paso adelante. 

Hay personas que ya no están ahí cuando llegan los cambios grandes y hay otras que se quedan siempre detrás de la ola del tsunami que arrasará con todo para que nada vuelva a ser como antes. 

Hay gente que deshea un cambio, sí, lo deshea con esa h de ahí. Porque desear es algo maravilloso y también un error, porque si deseas es que hay algo que quieres y no tienes. No lo tienes porque no haces nada para conseguirlo por eso no es un objetivo, sino un deseo. Por eso lo escribo así, desheo. Con su error y su dulzura. Sin censura. Porque las H también sirven para arrastrar sonidos entre las cuerdas vocales, en inglés se transforman en gemidos y en español se silencian para poder escucharnos en medio de nuestro propio ruido. 

Pero te pido algo, aprende a ser el cambio, deja de deshearlo. Que las h que te encuentres te liberen, que no te hagan sangre. La vida es dulce, muy dulce, encuéntrala.



domingo, 12 de mayo de 2019

En las medias

Me la quedé mirando sin saber bien que decir. La noche se apoderaba de mi y ella seguía sentada en el suelo con las piernas estiradas sobre la hierba. Intuía que esa imagen estaba solo en mi cabeza.

Las horas transcurrieron sin mayor esfuerzo entre los intentos de no caer dormida y de pensar algo lúcido que evitara que el problema siguiera a la mañana siguiente.

No tenía miedo pero seguía alerta. Sabía que toda ella era fachada. Su ropa, su pelo su maquillaje, esas pintas de macarra para ser una... Mi pensamiento quedó interrumpido de nuevo, porque sus manos decidieron moverse rompiendo un silencio de porcelana.

Entre los dedos tenía flores tatuadas, lavanda, claveles y amapolas. Cogió unas rosas que aparentemente habían estado bajo sus pies todo este tiempo y las arrancó con el tallo largo para metérselas por sus medias de reja.

Me asusté.

-Te vas a hacer daño... tienen espinas.-Dije con voz adormilada y preocupada.

Por primera vez me sonrió y siguió su labor de llenarse esas medias, que tan mala impresión me daban de ella, con flores de todo tipo que iba sacando de sus dedos y arrancando las que mágicamente aparecían del suelo.

Definitivamente estaba soñando, pero no entendía cómo si todavía no me había dormido.


domingo, 5 de mayo de 2019

Odio

El odio también cambia, con el tiempo, con los años y las prioridades.

Pero es una condición humana, para Nietzsche el odio es el bien desvalorizado.

El bien por no obrar el mal. El bien interesado en una contraposición y lucha de intereses de la realización humana.

El odio lleva implícita una violencia contra lo que nos hace mal. Evitar, frenar o destruir, tres pasos de contención de una desgracia mayor que nos provoca tanto rechazo que perdemos el control.

Es cuestión de supervivencia, detectar como peligroso y desagradable a alguien o algo.

“El hombre de conocimiento debe ser capaz no solo de amar a sus enemigos, sino también de odiar a sus amigos”.

Ya sea como algo pragmático o como dice Aristóteles, una cura para el desamor, el odio es bueno si se consume con razón y se libera con intención.


Igual de especial

Contigo...

Mis lágrimas son de orgasmo.

Mis gemidos son más altos.

Mis heridas sanan antes.

Mis problemas son menos importantes.

Mis padres son mi origen...

Pero

Mis días son contigo.

Mi futuro es a tu lado.

Mis miedos son más grandes.

Mi estabilidad más débil...

Pero

Mi fuerza triplicada.

Mis muros destruídos.

Mis posibilidades infinitas.

Mis ganas más grandes.

Mis celos arden.

Mis latidos rugen.

Mi estómago tiembla.

Y en ese momento, como en un despertar, vi más claro, vi más lejos, vi más de cerca lo que era vivir.


No es rebelión

Es decisión.

Puedes pensar que le estoy dando la espalda al sol, pero mirar a la luna, es igual de especial.



Biblia

No hay religión buena porque tampoco la hay mala.

La Biblia cambia según quién la lea. 

La cruz al revés es la que tuvo que cargar Jesús para poder morir y renacer.

La paloma de la paz, solo iba a construir su nido.

María era prostituta y los Reyes Magos nunca encontraron a Dios.

En mi Biblia hay consejos y esperanza. Pero también perdón y muerte.

Si hay perdón y muerte es porque hay errores que perdonar y una vida que vivir.

Si no te frena Dios, que no lo hagan tus interpretaciones.


A ver si me lees

A ver si me lees, ahora que me he tenido que hacer amiga de este frío, reconocer cómo me separa la piel de los músculos y me los congela hasta notarlos más rígidos que los propios huesos.

A ver si me lees tú. Tú que alardeas de libertades y decisiones, las que te han llevado a la ruina y las mismas que quieres que tome yo. 

Tú, marinero y capitán, a ver si la sal llena la cuenca de tus ojos, a ver si el agua te llena los pulmones hasta que ardan, que no respires, que tengas frío. El mismo que me haces pasar cada vez que me miras decepcionado.

Púdrete en tu isla, a la que has llegado navegando solo en tu velero de asta negra y proa hundida.

No me arrastres porque tu ir contracorriente es mi marea y viento favorable.

No hay estrella del Norte que coincida con la tuya en mi mapa. No tengo sueños de los tuyos, de esos con ojos cerrados, yo los tengo con la mirada despierta y la risa fluida. 

Si me sigues provocando frío, aprenderé a leer braille pasando los dedos por mi piel. Si no me dejas ser libre de mente, nunca lo seré de cuerpo. Si para ello tengo que matarte, lo haré para mis adentros.




jueves, 2 de mayo de 2019

Daño

Siempre me he hecho daño, por no defenderme, porque si no buscas no encuentras pero tampoco mejoras; si no arriesgas no pierdes, pero tampoco ganas.

He tenido costras en la cabeza por rascarme sin control antes de un examen, cuando sentía rechazo todos los días en el patio del recreo, cuando salía de excursión, en las colonias, en la academia, en las actividades exraescolares hasta que... Natación. El agua. Una brazada, ahora otra, sigue. Mueve las piernas o te hundes. Más rápido que viene el de atrás. Más largo que el profe mira. Eres suficiente, eres de las buenas. Silencio absoluto y en ese momento descubrir que bajo el agua hay unos instantes en una vida sin palabras de odio ni miradas de rechazo, solo gorros de colores, gafas de buceo y la posibilidad de nadar, ahogarse o flotar.

Ahora, de todo aquello, solo queda el ruido del silbato del monitor que te hacía tirarte de cabeza sin pensar en nada más. 

Los chapoteos se han sucedido por teclas de ordenador, el dolor en el pecho por ardor en el cerebro, el estómago vacío por sopa picante y los labios cortados por pipas sin sal. No es poesía, es una realidad más allá del estudiante, del que busca empezar una vida y no depender de nadie. 

Quien busca amar, jugar, sentir y recordar sin llamas, sin armas, sin cuerdas ni amarras. Porque no habéis venido a rescatarme. No estuvisteis cuando necesité que me dijeran que nadase, que no me ahogara... Ahora no estáis para decirme que esas costras solo son las corazas de unas heridas pasadas que solo sangran por mi insistencia en volver a ellas con las uñas... 

Porque yo siempre las he visto más como esos pensamientos que no sé callar, que en vez de por la boca por arriba intentan escapar.

Siempre me toca a mi, ocuparme de este templo en el que solo ha entrado de la rosa mi futuro, desde los pétalos hasta las espinas, porque ese es mi fruto. Y eso es muy injusto cuando las ganas de hundirme y la tinta roja de mi pelo las provocáis vosotros que leéis lo que os conviene, comentáis lo que me hiere y destrozáis un cuerpo sobre el que mandan los pensamientos y sentimientos que provocáis en él. 

Porque cuando un cuerpo muere, la mano que se auto lesiona y los dedos que aprietan el gatillo no son los asesinos.



lunes, 25 de marzo de 2019

El señor Ricardo

Un jarrón vacío, azul y con más polvo que las mecedoras de mi difunta abuela alumbraba estoico el salón de aquel hombre. 

Solo había visto una vez unas manos tan cansadas como las suyas y fue hace tiempo, en una escapada a Francia en la que un señor me vendió un par de gofres. Recuerdo salivar mientras temía que los postres cayeran al suelo en el trayecto que duraron a merced de su pulso, hasta que mis manos, decididas, le tomaron el relevo a las suyas. 

Recordaba su presencia y sus manos por las historias que me habían contado y por ña única vez que misteriosamente había coincidido con él. Por supuesto hablo del señor Ricardo, el dueño de la casa.

La habitación era lúgubre, no por mala decoración, sino por la penumbra. Los cuadros colgados en la pared rezaban cada segundo por seguir desafiando a la gravedad un poco más. El grosor y peso de sus marcos colgados del papel de pared ocre carmesí daba por sentado que su suerte acabaría pronto.

El jarrón sobre la mesa de café seguía siendo mi único punto de referencia al que aferrarme ante una tensa espera de pie en el centro de la sala. Esperé cerca de cuarenta minutos hasta que escuché los pasos acercándose que me darían las respuestas a todas las preguntas que me había planteado desde que empecé esa historia.

La puerta se entornó y apareció el señor Ricardo. 

Su batín grisáceo y la protuberancia de su espalda me dio a entender tres grandes cosas, la salud es fundamental, la higiene necesaria y la esperanza es lo último que se pierde.

Parecía increíble que ese cuerpo pudiera resistir el peso del aire que llenaba la habitación, la poca luz del salón se reflejaba en sus ojos hundidos y la oscuridad emanaba de las bolsas moradas bajo la mirada. 

-Hola señorita.

-Señor...

Dio una larga mirada del que parecía ser su sillón hasta mis manos que sujetaban la cámara como si fuera mi centro gravitacional y me tendió la mano hacia el tresillo de enfrente.

-Por favor, siéntate.

-Gracias.

-¿Quieres té?- Té. Me parecía una pregunta trampa dadas las circunstancias. Dibujé un intento de sonrisa.

-No se preocupe, estoy bien.

-Si no quiere té, ¿qué quiere joven?

-Respuestas.

-A eso le preceden preguntas. Dígame ¿Si estuviera Dios delante de usted, qué le preguntaría? ¿Qué le diría?, ¿Lo mismo que a mi tal vez?

-No, claro que no. Preguntaría cosas más... importantes, trascendentales. 

-Pues entonces, no pierda el tiempo buscando respuestas a preguntas que no le formularía a Dios. No tienen importancia.

De repente el jarrón azul se oscureció, se volvió prácticamente negro y se quebró como si un relámpago se hubiera tropezado con su cerámica castigada por los años.

Quise irme.


sábado, 23 de marzo de 2019

Ojos despeinados y pez enlatado

Con los ojos despeinados y la sonrisa caliente volvió a ver lo que era suyo, con el alma en calma y el café de buenos días en la cama.

Las dudas se pasaron por la boca del túnel que noche tras noche abría sus puertas con atajo directo a la parte más débil de su mente. 

Los números del día solo le hacían latir el corazón 3 veces al mes. 3 fechas importantes que alocadamente se colocan en el calendario sin tener en cuenta que los domingos son los días con más insomnios. 

Despertar de madrugada es una tómbola sin premio y con castigo que se renueva cada solsticio. 

En el abandono del abismo que hay entre la almohada y el colchón, al despertar vuelves a una realidad abandonada durante horas y respiras enfrascado como un pez en una lata que nada de espaldas a la corriente sin ver por qué le cuesta tanto seguir adelante.


viernes, 15 de febrero de 2019

A la contra

Hay cierto placer en llevarle la contraria al tiempo, al sueño y a los sueños, a la vida en general. Que si eres joven te quieres morir y si ya le das la mano le haces ascos porque te tienes que ir.

Hay placer porque no es lo que toca, hay placer porque el mundo no tiene hora, el sol sale porque le apetece y las nubes le tapan porque quieren. La luna no alumbra, hace sombra y las estrellas mueren más que las personas.

El placer es hacer algo natural. Hacer el amor da placer porque en este mundo el espacio para las caricias está restringido, porque los besos todavía tienen género y la moral se apoya más en el debería que en lo que realmente apetece.

Tengo sueño, así que voy a soñar, pero despierta. Ayúdame a llevarle la contraria al mundo y a dejarlo todo atrás, para encontrar un mundo nuevo, cuando parece que no puedo pedir nada más.

sábado, 9 de febrero de 2019

Vivir sin luchar

Si cuesta, si duele, es que vale la pena. ¿Quién no ha oído esa frase? Yo crecí con ella pero mi madre siempre luchó contra los que me la decían y me susurraba lo más fuerte que podía, "si cuesta es que no es para ti, si duele es que no vale la pena".

Tiene razón, en parte, sé que no tengo que luchar por nada porque, realmente, la vida da lo esencial. Pero hay gente que te lo quita.

Cuando quieres algo en la vida, siempre hay terceros, que, por alguna razón, van a querer desmoronarlo. Ya sea la envidia, los celos, el odio...

Si quieres algo has de luchar por conseguirlo, cuando lo tienes, si lo sigues queriendo tienes que luchar por mantenerlo y protegerlo y así es como se hacen las cosas importantes, así es como se crea una familia, como se consiguen las metas. Yendo a por ellas aunque duela, aunque cueste...

Hay veces que nos obcecamos en una meta, pero tal vez no es para nosotros. Otras veces, simplemente, hay que elegir y al elegir, estamos luchando porque perdemos y ganamos a la vez.

Resumiendo, me quedo con la frase de "hay que saber elegir las guerras que luchamos" porque no puedes ganar sin pelear y no puedes vivir sin intentarlo.



Foto que puede ser perfectamente un auto retrato mío intentando vivir sin luchar.

Final


Momentos… Eran todo gotas de felicidad.


Eran suspiros de alivio entre una tempestad de emociones,
por momentos podía sentir un beso si fotografiaba a unos novios
en el reportaje de su boda, me gustaba adivinar las miradas, sentir su energía.
Igual pasaba con las plantas, las flores su propósito, sentirme diosa y esclava,
de las limitaciones físicas y de encuadrar a libre albedrío la propia sentencia de
muerte de unos cuantos planos.


El lavadero de Cerezuela, qué pueblo más simpático.
Qué cantidad de fantasmas se me aparecieron mientras lo inmortalizaba.
Por supuesto me refiero a los fantasmas del pasado, no de los que hacen "bú"
y van con sábanas blancas y cadenas.


-Perdona, ¿eres Emma?


-Sí, hola.- Qué mal llevo que me saquen de mis ensoñaciones.


-El comandante nos avisó de que venías. Te llevaré a dónde haremos la sesión.
Tras una breve pausa añadió con un atisbo de inseguridad ¿Me acompañas? - Sé
que se odiaba a sí misma por dejar ver esa inseguridad, pero no entendía por qué
yo seguía agachada frente a un puñado de hojas secas. Sé leer ese rostro y me
cae muy bien la gente que se deja leer.


-Sí, en seguida- Cambié mi rostro y puse la sonrisa más amable y menos de loca
que me permitió el desconcierto del momento. Ahí fue cuando reparé en ella.


Quiero decir, ya sabía que estaba ahí, pero la vi, lo vi. Esa chica tenía algo, tenía
que sacarle una foto, necesitaba estar en una pelea entre mi objetivo y su mirada.
Necesitaba sacarla orgullosa de esa inseguridad, derrochando valentía, eso es lo
que va con ella.


Seguí sus pasos a una distancia corta muy molesta que se interponía entre
mi mente
y el resultado mientras elocubraba cómo captar en una fotografía una forma
de caminar.


Iba a ser un día muy largo.

Te odio

Te odio muchísimo.

Te odio por tu existencia, te odio por respirar, te odio por la vida que tienes en los demás, te odio porque sigues ahí, te odio porque tu presente parece que no se acaba, porque tu mundo quiero que sea ya el mío, porque me pertenece, porque ya me toca a mi y porque es mío.

Quiero quitarte de en medio, quiero matarte de todos los recuerdos, quiero que nadie que esté a mi lado te salude por la calle, porque no estás, porque no eres nadie.

Te odio porque odiar es ponerme contra algo o alguien que me quita lo que quiero y yo lo que quiero es estar tranquila, respirar sin miedo, que no se me remuevan las tripas cada vez que oigo tu nombre. Pero lo oigo mucho y se me va el aliento cada minuto que mi mundo roza un poco tu vida, que debería estar lejos de la mía. Cada vez que mi mundo dice que te quiere ahí, y yo no quiero...

Porque ya me han querido,

y no tiene que ver con la confianza ni de amor...

Porque mi mundo puede querernos a las dos,

ya he sentido eso y no lo quiero sentir otra vez.

Quiero para mi lo que es mío.

No es una amenaza, es un hecho, así que largo.




lunes, 4 de febrero de 2019

Intentarlo

Jugar, intentarlo ¿Por qué no?

Volver a probar todas las decisiones. Recordar el sabor, darse cuenta de las posibilidades y perderse en el cambio de las experiencias. Eso pensaba Emma el 4 de febrero, sobre las 12 de la tarde.

Música y ruidos en un bar con suelo fino, parece despuntar el café servido con las tapas de marisco, las risas del humo... Es el último clandestino que permite fumar dentro a sus amigos, todos policías, un negocio vivo, desde luego.

Faltaba el repartidor de la mejor mesa de póker de la ciudad entre los grupos de la tercera edad que echaban los dados en modo automático. Más que ciudad era un pueblo grande que entre la crítica en los ojos de la gente saltaba la compasión por el vecino minutos después de haber hablado mal del mismo. 

Olía a medio día sin final, entre cocina y humanidad. Por la ventana entraba el sol temprano, estaba bien orientada, el reflejo de sus cristales alargaba la tarde como un día sin pan para los que necesitabamos que llegara la noche y descansar.

Jugar e intentarlo. Un día más. Es agotador. 

Miré el vaso de la mesa de al lado y me incomodé de las migas de pan en la mía. Sentí que me miraban y sumergí la cabeza en el periódico del día.  Ni idea de lo que ponía, pero estaba cansada y aparentar que leía me consumía la energía justa y me daba la excusa perfecta para no responder a nadie con una mentira opresora ni con una verdad punzante. 

Hace tiempo, cuando me preguntaban cómo estaba, pensaba que un "bien" bastaría. Pero no fue así. No me sentía satisfecha ni ellos se quedaban tranquilos con esa afirmación liviana.

Estaba cansada y en casa no había un rincón dónde pudiera sentir la calidez de un hogar. Pasó la página por tercera vez, la yema del dedo se quedó seca entre el aire y el papel y la tinta negra entumeció la huella poco antes de que la chupara para que ocurriera por una cuarta y quinta vez hasta que no quedaron hojas en ese refugio de celulosa así que me levanté, dejé mi plato vacío, las migas con los surcos de mis codos y unos euros en la mesa.




A los que me han 'destrozado'

Esta carta no es anónima, el dato que falta por concretar, es el destinatario.

La infancia y adolescencia. 

Un día en la fila del colegio empezaron a llamarme 'gorda' y 'abuela' porque llevaba un vestido de flores y porque era una niña tan delgada que llamaba la atención.

Otro día, una de las chicas que más se metía conmigo me tiró del pelo y me dijo que me defendiera, le dije que no quería y después de estar más de medio recreo insistiendo y molestando me dijo que si le clavaba las uñas en el brazo, se iría. Dijo que era lo justo después de haberme tirado del pelo. 

No lo hice. 

Se las clavó ella misma.

Se mojó los ojos con saliva y se fue a la profesora de guardia a decirle que yo le había hecho daño. Por suerte no la creyó, pero nos castigó a las dos.

Cuando iba a la academia de inglés, en una de las clases fue un profesor sustituto a cubrir una baja por maternidad. Participaba mucho en la clase (no más que con la profesora que estaba de baja) decidieron que era un buen momento para decir que estaba enamorada de él y avergonzarme hasta hacerme llorar, clase tras clase.

Tuve que fingir que no me interesaba la clase ni participar, hacerme lo más invisible posible. 

En la época del cambio, cuando bajaba la regla, en la hora del patio algunos de clase se escondían para registrar las mochilas y pupitres y ver quien de nosotras llevaba compresas o tampones y luego los robaban ponían sobre la mesa o nos pellizcaban el hombro para saber si llevábamos ya o no sujetador, con la misma tontería, nos levantaban la falda.

Dejé de llevar recambios de compresa y falda a clase. A otras les hacía gracia, eran sus amigos, a mi me daba asco y angustia, solo me hablaban para meterse conmigo.

En la asignatura de Educación Física, cuando habían pruebas de carreras y velocidad, yo era la más lenta de la clase, junto con mi mejor amigo. Además, nunca hablábamos en clase y tardábamos en entregar los trabajos.

 Por eso una profesora decidió llamarnos "Mustia Flor y Tortuga Presurosa" 

Ahora me río. 

En aquel entonces hizo que suspendiera la asignatura y que no pudiera defender a mi amigo porque estaba demasiado afectada con lo mío.

En clase de lengua, puse mal un adjetivo, la profesora me avergonzó y estuvo recordándome el error durante un mes. Por supuesto, eso hizo que mis compañeros también. Pasé de sacar sobresalientes a pensar que no valía para mi asignatura favorita, me quedé en un 6 de media. 

Cuando tuve una mejor amiga, casi todos los días me decía que ya no lo era, que era la segunda mejor amiga. Cada día era por alguien diferente.

Dejé de creer en las relaciones de amistad especiales. En los vínculos fuertes de amistad. No me fío. Aunque nunca dejé de querer a mis amigos, no soy capaz de considerarlos la familia que elijo, eso es mi pareja y mi perro.

Recuerdo estar tan sola y necesitar tanto una amistad que confié cuando dos de las que más daño me hacían me decían que habían cambiado y que podía contar con ellas para desahogarme. Conté mis cosas para luego enterarme de que las difundían para luego hacerme daño con ellas. 

-¿Pero no éramos amigas?
-¿Ah, sí?

Lo aprendí rápido. A día de hoy mis amigos no saben lo que me pasa hasta los dos o tres meses después. Esto es ahora parte de mi carácter y no me hace débil ni fuerte, simplemente yo. Me alegro de cuando alguien tiene ese vínculo con alguien. Pero no lo envidio.


Siempre he tenido amor por el teatro, me dieron el papel protagonista para la obra final cuando hice el curso. 

Mis compañeros, los mismos de clase, aprovechaban en los momentos en los que había que mostrar emociones para burlarse de mi en los recreos el resto de la semana. 

Por eso me daba tanto miedo hacer el ridículo, así que conseguí que la actuación se cancelara aprovechando un enfado de mi profesora por el "mal comportamiento" de mis compañeros.

Tuve una pareja que me hizo sentir que yo tenía la culpa de mis sentimientos. 


En los estudios nunca fui mala, pero tampoco la mejor. En natación nuca me sentí mal, pero seguía sin ser la primera. Antes, durante y después de la carrera, unos números obtenidos por unas pruebas llamadas exámenes en las que mis capacidades no se veían representadas ni valoradas, decidían mi futuro. 

Todas las semanas. 

Yo superé las pruebas. 

Mi autoestima no.

Huir de la competitividad, evitar conflictos, tocar siempre la primera fila, introvertida pero sociable... Todo lo que yo era y soy parecía atraer problemas, cuchicheos, rumores, baja aceptación y malas caras.

Siempre miradas de superioridad, siempre miradas de asco, siempre miradas de odio, sin motivo y sin sentido. 

Hay más, muchas más, muchísimas más cosas y todas las que he contado, pueden parecer nimiedades, pero si me acuerdo de ellas después de tantos años, es por algo. 

Además hace tiempo que aprendí a dejar de menospreciar lo que tiene importancia para mí, aunque al resto del mundo se la resbale.

Ahora, tras contar estas pocas historias, solo me queda el sentimiento de vacío, de tristeza, de ganas de hablar con mi yo de hace años para decirme "no va a pasar nada, brilla y conócete". También siento agradecimiento profundo para los amigos y profesores que se quedaron a apoyarme, incluso para aquellos que no hacían ni bien ni mal. Aliviasteis mi existencia. 

Pero al final, me queda una sensación primordial. Es la sensación del "típico" recuerdo de lo que yo quería ser: Invisible.

Solo quise ser invisible, lo máximo posible, pasar desapercibida, no despuntar en nada... Realmente, para el resto del mundo no lo conseguí pero llegué a intentarlo hasta el punto en el que, en cierto modo, sí que desaparecí. 

Un buen día, cuando dejé de sentirme en peligro vi que lo había conseguido, había desaparecido y no pude encontrarme ni yo. 

Porque me autoexigí tanto, en tantas situaciones, que cuando las cosas se pusieron realmente difíciles para mí, no supe perdonarme no poder. 

Me autoexigí tanto que acabé por creer todo lo que me hacía sentir mal. Empecé por meterme conmigo más que cualquier otra persona en el mundo y a tener pensamientos autodestructivos, pero conseguí decir ya basta cuando no pude más.

Lo dije como supe, de la única forma que tenía. Fue un susurro a todos los niveles y también un grito escondido con mis acciones.

-"Es que no puedo más". - Lo repetí a cada persona a la que sentía que tenía que darle una explicación de mi "tirada de toalla".

Recuerdo que hace muchos años, un profesor me dijo que eliminara el "es que" de mi vocabulario porque después de esas letras, lo único que había, era una excusa

Pero realmente, yo no quería poder más. Así que me rendí para ganar paz.

Tengo y tuve la suerte de que casi todos lo entendieron. O mejor dicho todos lo entendieron, pero cada uno a su manera.

Prometo que lo dije de la manera más suave, de verdad. Tal vez no era la mejor, no es la que recomienda ninguna página de psicología de internet, ni un buen amigo te diría "ah pues está bien hecho". O tal vez sí, no lo sé porque no lo he contado a ningún amigo, a sabéis. 

La cuestión es que tal vez todavía tenga que rendirme todos los días un poco más. Porque rendirse, "soltar" es un camino largo que te devuelve a lo principal, pero vale la pena siempre y cuando, ese camino te lleve a decir: "Ahora sí, ya puedo otra vez". 

Lo siento si hice daño al parar.

Hoy no sé que será de todos los que me han 'destrozado' en algún momento de mi vida. Pero quería decirles que no me olvido de ellos, que espero que hayan cambiado, que me alegro de que sean pasado, que sé que todavía tengo cosas que aprender de lo que me hicieron. 
Igual que sé que probablemente ellos, como la mayoría, vivían o han vivido situaciones similares... Pero que no se preocupen, que yo estoy bien y ahora ayudo a gente que pasa por esta situación, gracias a ellos que me la hicieron pasar a mí. Intentaré que sufran un poco menos y que cuiden de sí mismos un poco más de lo que lo hice yo.



Los detalles importan y mucho. Me encanta la frase que dice:

"En un mundo en el que podemos ser cualquier cosa, decidamos ser amables"

No porque la otra persona pueda estar pasándolo mal. Tal vez esté mejor que tú. No porque tengas un buen día, no porque no te hayan hecho nada para no ser amable. Simplemente se amable. Porque sí. Porque ¿Por qué no?

Vive y deja vivir, no te metas, no preguntes, deja ser, no hables de libertades cuando vas a escandalizarte por algo que tu mente no llega a comprender, no digas se y haz lo que quieras, pero en tu casa, porque tras la puerta de una casa, nadie llega a ver nunca hacia dónde se inclina la balanza. 

No hay juicio ni moral válida para quien piensa sin sentir y siente sin comprender. 

Por lo que sus actos serán tan ciegos como sus ideas.




lunes, 28 de enero de 2019

Microrrelatos

Hay algunas personas, por las que no te das cuenta, pero moverías cielo y tierra por defenderlas.

No es amor de pareja.

No es compromiso.

No es deuda moral.

No hay lazos de sangre.

No es una expiación de pecado ni culpa.

Simplemente hay personas que son amor. 

Que su maldad diaria es comerse un bombón. 

Que por no molestar, lo pasan mal. 

Son ese tipo de personas que siempre ríen sinceramente. 

Los hay que lo callan todo y otros que lo sueltan todo, sin filtro ni maldad. 

Hay personas que no saben estar serias y no saben consolar, porque en su esencia está entender sin sonrisas y abrazar cuando se necesita. 

No lo aprenden, lo son. Calma, alegría y consuelo.

Son de los que siempre hacen de lo bueno algo mejor, sin alboroto ni pretensión.

Pero lejos de juzgar por acciones ni sonrisas, lo que importa de estas personas es el corazón. 

Es sentir que si a una de estas personas, amantes de la paz, generadores de luz... les pasa algo malo, el corazón del mundo extiende la necrosis que ya se acelera bastante con cada guerra y asesinato.

Una vez me dijeron "eres un microrrelato de buenas noches para niños con insomnio". 

Probablemente le aburriera lo que le estaba diciendo, le estaba entrando sueño y trataba de lanzarme indirectas para que me callara. 

Yo soy de hablar mucho. 

Pero en ese momento me pareció el halago más bonito del mundo porque no hay nada más puro que un niño y no hay nada que consuele más a un niño que su cuento de antes de dormir.

Tengo la suerte de haber conocido a alguno de esos microrrelatos y de haber podido cuidar de ellos lo mejor que he sabido.

Os pido que os fijéis en los que tenéis a vuestro alrededor y les tendáis una mano. Si no hay nadie, salid a buscarlos, porque la vida os cambiará a mejor.






domingo, 27 de enero de 2019

Vueltas

Nunca sabes dónde acabarás. 

Siempre me dijeron que la vida da muchas vueltas. 

Recuerdo una clase de religión en la que tuvimos que leer una tira de viñetas en las que una mujer recordaba todas las épocas de su vida y daba testimonio de su fe en todo momento. 

En una de las de su juventud, pasó de apuntarse al movimiento hippie a ser una 'groupie' rockera. 

En otra decidió trabajar en una cafetería y a la siguiente prefirió seguir estudiando en la universidad. 

Más adelante estuvo a punto de ser monja, pero en último momento cuando le había dado la espalda al amor de pareja, decidió tener una familia. 

En lo profesional, comenzó por abrir un negocio de estética y acabó dando clases de religión. 

En cada una de sus etapas, se sentía bien, era ella misma y aseguraba que en todas y cada una de esas etapas, junto con las diferentes formas de vestir y pensar, ella lucía una enorme sonrisa porque se sentía cerca de Dios, pero lo que más me impactó a mi fue que en todas las etapas, se sentía ella misma. 

Esa fue la primera vez que me enteré de que iba a cambiar mucho en mi vida y eso me relajó e impacientó por igual. 

Esa niña, que todavía no había acabado ni la primera etapa de su vida, miró con ansia cuál sería la próxima. Me daba igual cuál fuera, solo sabía que iba a sorprenderme a mi misma pero no sabía cuánto, ni cuándo, ni cómo. 

La cámara me miró inquisitivamente y le lancé una mirada de "luego nos vamos".

Nunca había tenido una expectativa en forma de vestir, pero si en la forma de relacionarme.

Nunca me había exigido una excelencia pero si unos mínimos que entraban dentro de lo notable.

Nunca había sentido rechazo por una idea, hasta que pensé en cómo quería ser vista.

Nunca había escogido un bando, hasta que sentí la necesidad de defender unas ideas.

Nunca había buscado la pelea y esa etapa, sigo sin verla en mi futuro, pero desde luego que ya me siento preparada para defender todo aquello en lo que creo.

Yo no me he apuntado a ningún movimiento político o social, no estoy fuera de la norma ni dentro de una especialidad. Nunca he cometido locuras, nunca me he rebelado ni he sido. 

Estoy en esa etapa que precede a la estabilidad. Pero mis mareas nunca han subido ni bajado demasiado. 

Mi cauce nunca se ha desviado, y al contrario que la chica de las viñetas, mi fe sí que ha cambiado.





sábado, 26 de enero de 2019

Monstruo (5)

"Que me maten y que revienten mi cuerpo si quieren sangre. Porque así será para todos en el día de la muerte. La sangre que pisarán descalzos será la misma en su óbito"

Esas fueron las últimas palabras que tuvo la reina antes de dejarla ser engullida por un grupo de cazadores. Siempre había sido su dama, le había acompañado desde que era una niña a favor de la corona. Sus labores nunca pasaban de cepillarle el pelo, bañarla y darle la comida cuando lo pedía.

Desde el destrono, todo se había convertido en una fantasía medieval inexplicable. Los trajes de preso  dentro de las mazmorras que había visto desde el momento en el que nació por ser diferente, se deshojaban ahora en tiras de hebras de hierba por un vasto bosque con cuevas y miradores.

Ahora, cruzaba las piernas en uno de los salientes de la cueva más sureña que había conseguido encontrar, pero seguía teniendo frío. Los dedos de los pies estaban rojos y el centro blanco. Le desconcertaba su cuerpo, no conocía de él mucho más que lo que había alcanzado a averiguar de su mente.

"No hay diferencias entre togas y coronas y a cada paso que damos, ricos y pobres, nos acercamos al mismo punto. Todos nos veremos al final del camino. Y en ese limbo sin sentido, cuando vea sin barreras lo que has hecho con el trozo de tela que le quedaba al refugio de mi corazón, no habrán espinas suficientes en cada rama del rosal para hacerte temblar de frío para toda la eternidad". Recordó esa lección que leyó en un libro de Berto Sáez. Una mujer bajo el psudónimo de hombre que publicaba más que hablaba. Le encantaría saber si su reina habría visto a sus padres dónde fuera que estuviese. Recordó la furia de esos cazadores al ensartar el cuerpo de su reina sin piedad.

Se estremeció.

Las horas pasaban deprisa y cuanto más se acercaba la noche, en el ambiente había algo más que humedad y frío.

El frío siempre había calmado el pensamiento de la joven pero agitaba su corazón como si fuera un juguete de cuerda. La oscuridad, los ruidos selectivos que alertaban sus sentidos cada media noche hacían que su corazón zozobrase en un quiebro en la oscuridad.

Nunca le había temido a un monstruo, no había sido una niña de miedos. Siempre había transformado a las sombras que le asustaban en buenos amigos, había sabido fraccionar su tiempo en un acuerdo contiguo entre su habitación y el cajón de arriba del armario de la esquina.

El goteo húmedo era incesante, el olor a sangre se notaba por todas partes y el corazón aprisionado en el pecho relamió los últimos segundos de aire fresco.

Que viene.

Los pies, por suerte, se activaron rápidamente; las piernas, frías y duras se movían por una inercia inexplicable y el tambaleo de su cuerpo contrastaba con la rigidez mental que acuciaba y respondía a un posible bloqueo y parálisis por el pánico que le subía del estómago.

Llegó a correr tanto, con la única idea de no tener que saber nunca de qué estaba huyendo, solo sabía que el frío que le había erizado el vello de todo el cuerpo no era otro que el de la muerte.

"Suficientes muertes"... Susurró abrazándose a su pecho cuando ya no pudo soportar contener más el aliento "monstruo..."- desafiante, cambió la postura y se dispuso a continuar su monólogo hasta que
de repente una mano fría, huesuda, pero pesada se injertó en su brazo como una brasa de metal.

El mundo paró para ella junto con un grito de puro terror que precedió al eco de una voz grasienta y amontonada entre saliva que le respondió: "cuidado con ser tú el monstruo..."



miércoles, 23 de enero de 2019

Libertad

“libertas”, “libertātis”

La libertad no tiene nombre.

Tiene colores y sabor.

La libertad sabe a enfrentamiento. Sabe a sueños y a desayuno.

Sus colores son el de los ojos de quien te acompaña a serlo y sus tonos y matices tan infinitos como las versiones de la verdad. 

Libertad es el roce con el rocío de madrugada y que no de frío. 

Es rociar de miedo un mar de pesadillas para decidir quedarse en la orilla o atravesarlo a braza o araversarlo a poemas.

Libertad que acaba donde empieza la de otro no se llama libertad. Se llama mala educación, intolerancia, imprudencia...
Pero no libertad. 

Porque la libertad ni acaba ni ofende.

La libertad duele. A uno mismo. 

La libertad es un proceso de tormenta que precede a tempestades.

Es un proceso que te augura los peores planes pero te da todos los materiales para intentar que funcionen.

Libertad es rendirse y ganar con ello.

Libertad es luchar y perderlo todo, con una sonrisa sincera dentro.

Libertad es esa estatua tan icónica.

Es mirarte y no tenerme miedo.

Es que me pregunten y responder directo.

Es quedarme sola y sentir que puedo.

viernes, 11 de enero de 2019

Destronada

El cuento en el que la reina se dio cuenta de que de su castillo había sido destronada.

Cómo corrió la tinta de los pétalos de cada una de las rosas; cómo se desangraron los ríos de sus corrientes; cómo brotaban las voces rotas.

Ella imperturbable, con su tez ardiente, supo que se había desatado cuando los huesos dejaron de dolerle al crujido de su partida. Se le deshicieron los ojos en cristal cuando vio llorar al espejo y ahorcó las mil mentiras que había contado en el árbol donde se columpiaba de niña.

De las ramas bajó un lemur que asomó sus ojos amarillos tras las hojas del gran árbol. Ella le miró sin sobresalto, siempre había notado sus ojos en ella, mirándola crecer, esperando, nunca le había incomodado su presencia, sobre todo porque cuando ella era niña, él también era un cachorro. 

-Cuánto tiempo.  

-"Vas a morir, van a caer, hoy van a llover las crisálidas gestadas en el vientre de tu corona, la que durante años se ha escondido bajo un manto de oro, un anillo de poder y unas palabras de consuelo a cada súbdito que confió sus penas en ti".

Asintió levemente y se dio la vuelta, lo sabía, pero era una buena advertencia. Los animales del reino tenían una vida muy longeva y una sabiduría conectada a los árboles y las profundidades del mar dónde se escondía la última clave para solucionarlo todo. 

Metió un pie, frío y desnudo, en el lago del reino y vio el reflejo de lo que siempre supo que había, pero que conocía por primera vez en ese instante. Esas ojeras no podrían haber contenido otra batalla más. Los labios rojos, ni de carmín ni de pasión, sino de sangre por morder las heridas que le hacía el haber perdido, tenían una leyenda tras ellos. 

Cuando la reina destronada, miró su reflejo, tan puro, tan sincero, aceptando la derrota y todas sus imperfecciones, la sangre de sus labios goteó. Fue una noche que ninguna sirena olvidará, sus colas se tiñeron de rojo, las escamas escarlatas son ahora un signo de identidad para todo aquel que se atreve a ver desde lejos su rumbo correr.


martes, 8 de enero de 2019

Escaleras de palacio

Hay una brújula rota, hay madera a la deriva y en uno de esos surcos
hinchados de agua, apocinada en el alquitrán y la espuma, descubro
la cal entre mis algas. Veo que soy suya, que el mar es lo que es por
lo que vive en él.

Por todos sus peces y sus mareas.


Que soy tú por vivir tú en mí. Intenta quitarme de ti, que morirás en mi.


No me asusta el cambio, no me asusta tu pensamiento, no grito por ti,

no es miedo no me queda fuerza me desborda mi alegría y mi tristeza
y me quema la cabeza, parece que no haya avanzado nada de cuando
era un simple desecho en una isla desierta. 15 años, qué tragedia.

Hay unas escaleras de palacio. Escalofrío y sueño.

Son de rocas con hiedra y unas vistas a kilómetros hacia el otro
lado del ventanal por donde veo llegar a las almas que buscan
el perdón a las puertas de tu iglesia.

Esas escaleras no llegan a ninguna parte, son una construcción
cuyo fin acaba en el sueño de miles de feligreses.

Al final, se ve su estructura, de piedra y cristal.

Dime capellán ¿cómo vas a confesar a todas
esas almas cuyo único pecado es el de sentir?

"La humanidad no tiene lacra, la humanidad os tiene a vosotros"
espetó entre dientes la chica de cal y algas, su fuego nacía y el aire
la llevó a destronar el rosario veinte veces de su pecho, para barrerlo
con furia entre sus dedos.



Sin puerto

Desbordada, callada, presionada, me dueles , me duelo, me siento, me ignoras.

No puedes conmigo pero crees si.

No dudo de tu fuerza, pero he de ser yo, tengo que librarme tengo que curarme, quiero hacerlo.

No hay excusa no soy una enferma, me enerva, me destila como el café amargo y sin azúcar, ese que solo he visto disfrutar a dos ancianos en un banco.

Me desalienta y grito fuera mientras tú gritas dentro.

Juntos sin palabras, sin tiempo, sin alarmas.

Por la noche sé qué es lo que vendrá en la mañana.

Gritamos a la vez que mis miedos.

¿No es el camino correcto? ¿No eres tú a quién quiero?

Claro que sí y cuántas formas hay de quererte bien, no voy a escoger una que sea mal.

Eres una proyección de mi, por lo que veo en ti, por lo que me haces sentir, haría mal si pidiera algo de ti, si decidiera exigir.

Qué fácil es nublar los sentimientos para luego no volver a cogerlos. Desentenderse de ellos y dejar a otra persona, al otro lado, gimiendo.

Qué jodidas son las segundas oportunidades, qué tristeza dan los mares cuando no tienen puertos a los que llegar cuando amanece.

Mi puerto, mi ancla, los peces de mi mar y mi tesoro sin mapa.

No volverá a pasarme, conscientemente dejaré que me arrope toda la magia que nace del somos, no cometeré errores, porque ni tú ni yo, nadie ahora los merece.


Les tiene miedo.

Tiene la cara como un esqueleto de cabra, tiene el morro ennegrecido por el ahumado de los años y el desgaste de los cirios que le salen de ...