lunes, 28 de enero de 2019

Microrrelatos

Hay algunas personas, por las que no te das cuenta, pero moverías cielo y tierra por defenderlas.

No es amor de pareja.

No es compromiso.

No es deuda moral.

No hay lazos de sangre.

No es una expiación de pecado ni culpa.

Simplemente hay personas que son amor. 

Que su maldad diaria es comerse un bombón. 

Que por no molestar, lo pasan mal. 

Son ese tipo de personas que siempre ríen sinceramente. 

Los hay que lo callan todo y otros que lo sueltan todo, sin filtro ni maldad. 

Hay personas que no saben estar serias y no saben consolar, porque en su esencia está entender sin sonrisas y abrazar cuando se necesita. 

No lo aprenden, lo son. Calma, alegría y consuelo.

Son de los que siempre hacen de lo bueno algo mejor, sin alboroto ni pretensión.

Pero lejos de juzgar por acciones ni sonrisas, lo que importa de estas personas es el corazón. 

Es sentir que si a una de estas personas, amantes de la paz, generadores de luz... les pasa algo malo, el corazón del mundo extiende la necrosis que ya se acelera bastante con cada guerra y asesinato.

Una vez me dijeron "eres un microrrelato de buenas noches para niños con insomnio". 

Probablemente le aburriera lo que le estaba diciendo, le estaba entrando sueño y trataba de lanzarme indirectas para que me callara. 

Yo soy de hablar mucho. 

Pero en ese momento me pareció el halago más bonito del mundo porque no hay nada más puro que un niño y no hay nada que consuele más a un niño que su cuento de antes de dormir.

Tengo la suerte de haber conocido a alguno de esos microrrelatos y de haber podido cuidar de ellos lo mejor que he sabido.

Os pido que os fijéis en los que tenéis a vuestro alrededor y les tendáis una mano. Si no hay nadie, salid a buscarlos, porque la vida os cambiará a mejor.






domingo, 27 de enero de 2019

Vueltas

Nunca sabes dónde acabarás. 

Siempre me dijeron que la vida da muchas vueltas. 

Recuerdo una clase de religión en la que tuvimos que leer una tira de viñetas en las que una mujer recordaba todas las épocas de su vida y daba testimonio de su fe en todo momento. 

En una de las de su juventud, pasó de apuntarse al movimiento hippie a ser una 'groupie' rockera. 

En otra decidió trabajar en una cafetería y a la siguiente prefirió seguir estudiando en la universidad. 

Más adelante estuvo a punto de ser monja, pero en último momento cuando le había dado la espalda al amor de pareja, decidió tener una familia. 

En lo profesional, comenzó por abrir un negocio de estética y acabó dando clases de religión. 

En cada una de sus etapas, se sentía bien, era ella misma y aseguraba que en todas y cada una de esas etapas, junto con las diferentes formas de vestir y pensar, ella lucía una enorme sonrisa porque se sentía cerca de Dios, pero lo que más me impactó a mi fue que en todas las etapas, se sentía ella misma. 

Esa fue la primera vez que me enteré de que iba a cambiar mucho en mi vida y eso me relajó e impacientó por igual. 

Esa niña, que todavía no había acabado ni la primera etapa de su vida, miró con ansia cuál sería la próxima. Me daba igual cuál fuera, solo sabía que iba a sorprenderme a mi misma pero no sabía cuánto, ni cuándo, ni cómo. 

La cámara me miró inquisitivamente y le lancé una mirada de "luego nos vamos".

Nunca había tenido una expectativa en forma de vestir, pero si en la forma de relacionarme.

Nunca me había exigido una excelencia pero si unos mínimos que entraban dentro de lo notable.

Nunca había sentido rechazo por una idea, hasta que pensé en cómo quería ser vista.

Nunca había escogido un bando, hasta que sentí la necesidad de defender unas ideas.

Nunca había buscado la pelea y esa etapa, sigo sin verla en mi futuro, pero desde luego que ya me siento preparada para defender todo aquello en lo que creo.

Yo no me he apuntado a ningún movimiento político o social, no estoy fuera de la norma ni dentro de una especialidad. Nunca he cometido locuras, nunca me he rebelado ni he sido. 

Estoy en esa etapa que precede a la estabilidad. Pero mis mareas nunca han subido ni bajado demasiado. 

Mi cauce nunca se ha desviado, y al contrario que la chica de las viñetas, mi fe sí que ha cambiado.





sábado, 26 de enero de 2019

Monstruo (5)

"Que me maten y que revienten mi cuerpo si quieren sangre. Porque así será para todos en el día de la muerte. La sangre que pisarán descalzos será la misma en su óbito"

Esas fueron las últimas palabras que tuvo la reina antes de dejarla ser engullida por un grupo de cazadores. Siempre había sido su dama, le había acompañado desde que era una niña a favor de la corona. Sus labores nunca pasaban de cepillarle el pelo, bañarla y darle la comida cuando lo pedía.

Desde el destrono, todo se había convertido en una fantasía medieval inexplicable. Los trajes de preso  dentro de las mazmorras que había visto desde el momento en el que nació por ser diferente, se deshojaban ahora en tiras de hebras de hierba por un vasto bosque con cuevas y miradores.

Ahora, cruzaba las piernas en uno de los salientes de la cueva más sureña que había conseguido encontrar, pero seguía teniendo frío. Los dedos de los pies estaban rojos y el centro blanco. Le desconcertaba su cuerpo, no conocía de él mucho más que lo que había alcanzado a averiguar de su mente.

"No hay diferencias entre togas y coronas y a cada paso que damos, ricos y pobres, nos acercamos al mismo punto. Todos nos veremos al final del camino. Y en ese limbo sin sentido, cuando vea sin barreras lo que has hecho con el trozo de tela que le quedaba al refugio de mi corazón, no habrán espinas suficientes en cada rama del rosal para hacerte temblar de frío para toda la eternidad". Recordó esa lección que leyó en un libro de Berto Sáez. Una mujer bajo el psudónimo de hombre que publicaba más que hablaba. Le encantaría saber si su reina habría visto a sus padres dónde fuera que estuviese. Recordó la furia de esos cazadores al ensartar el cuerpo de su reina sin piedad.

Se estremeció.

Las horas pasaban deprisa y cuanto más se acercaba la noche, en el ambiente había algo más que humedad y frío.

El frío siempre había calmado el pensamiento de la joven pero agitaba su corazón como si fuera un juguete de cuerda. La oscuridad, los ruidos selectivos que alertaban sus sentidos cada media noche hacían que su corazón zozobrase en un quiebro en la oscuridad.

Nunca le había temido a un monstruo, no había sido una niña de miedos. Siempre había transformado a las sombras que le asustaban en buenos amigos, había sabido fraccionar su tiempo en un acuerdo contiguo entre su habitación y el cajón de arriba del armario de la esquina.

El goteo húmedo era incesante, el olor a sangre se notaba por todas partes y el corazón aprisionado en el pecho relamió los últimos segundos de aire fresco.

Que viene.

Los pies, por suerte, se activaron rápidamente; las piernas, frías y duras se movían por una inercia inexplicable y el tambaleo de su cuerpo contrastaba con la rigidez mental que acuciaba y respondía a un posible bloqueo y parálisis por el pánico que le subía del estómago.

Llegó a correr tanto, con la única idea de no tener que saber nunca de qué estaba huyendo, solo sabía que el frío que le había erizado el vello de todo el cuerpo no era otro que el de la muerte.

"Suficientes muertes"... Susurró abrazándose a su pecho cuando ya no pudo soportar contener más el aliento "monstruo..."- desafiante, cambió la postura y se dispuso a continuar su monólogo hasta que
de repente una mano fría, huesuda, pero pesada se injertó en su brazo como una brasa de metal.

El mundo paró para ella junto con un grito de puro terror que precedió al eco de una voz grasienta y amontonada entre saliva que le respondió: "cuidado con ser tú el monstruo..."



miércoles, 23 de enero de 2019

Libertad

“libertas”, “libertātis”

La libertad no tiene nombre.

Tiene colores y sabor.

La libertad sabe a enfrentamiento. Sabe a sueños y a desayuno.

Sus colores son el de los ojos de quien te acompaña a serlo y sus tonos y matices tan infinitos como las versiones de la verdad. 

Libertad es el roce con el rocío de madrugada y que no de frío. 

Es rociar de miedo un mar de pesadillas para decidir quedarse en la orilla o atravesarlo a braza o araversarlo a poemas.

Libertad que acaba donde empieza la de otro no se llama libertad. Se llama mala educación, intolerancia, imprudencia...
Pero no libertad. 

Porque la libertad ni acaba ni ofende.

La libertad duele. A uno mismo. 

La libertad es un proceso de tormenta que precede a tempestades.

Es un proceso que te augura los peores planes pero te da todos los materiales para intentar que funcionen.

Libertad es rendirse y ganar con ello.

Libertad es luchar y perderlo todo, con una sonrisa sincera dentro.

Libertad es esa estatua tan icónica.

Es mirarte y no tenerme miedo.

Es que me pregunten y responder directo.

Es quedarme sola y sentir que puedo.

viernes, 11 de enero de 2019

Destronada

El cuento en el que la reina se dio cuenta de que de su castillo había sido destronada.

Cómo corrió la tinta de los pétalos de cada una de las rosas; cómo se desangraron los ríos de sus corrientes; cómo brotaban las voces rotas.

Ella imperturbable, con su tez ardiente, supo que se había desatado cuando los huesos dejaron de dolerle al crujido de su partida. Se le deshicieron los ojos en cristal cuando vio llorar al espejo y ahorcó las mil mentiras que había contado en el árbol donde se columpiaba de niña.

De las ramas bajó un lemur que asomó sus ojos amarillos tras las hojas del gran árbol. Ella le miró sin sobresalto, siempre había notado sus ojos en ella, mirándola crecer, esperando, nunca le había incomodado su presencia, sobre todo porque cuando ella era niña, él también era un cachorro. 

-Cuánto tiempo.  

-"Vas a morir, van a caer, hoy van a llover las crisálidas gestadas en el vientre de tu corona, la que durante años se ha escondido bajo un manto de oro, un anillo de poder y unas palabras de consuelo a cada súbdito que confió sus penas en ti".

Asintió levemente y se dio la vuelta, lo sabía, pero era una buena advertencia. Los animales del reino tenían una vida muy longeva y una sabiduría conectada a los árboles y las profundidades del mar dónde se escondía la última clave para solucionarlo todo. 

Metió un pie, frío y desnudo, en el lago del reino y vio el reflejo de lo que siempre supo que había, pero que conocía por primera vez en ese instante. Esas ojeras no podrían haber contenido otra batalla más. Los labios rojos, ni de carmín ni de pasión, sino de sangre por morder las heridas que le hacía el haber perdido, tenían una leyenda tras ellos. 

Cuando la reina destronada, miró su reflejo, tan puro, tan sincero, aceptando la derrota y todas sus imperfecciones, la sangre de sus labios goteó. Fue una noche que ninguna sirena olvidará, sus colas se tiñeron de rojo, las escamas escarlatas son ahora un signo de identidad para todo aquel que se atreve a ver desde lejos su rumbo correr.


martes, 8 de enero de 2019

Escaleras de palacio

Hay una brújula rota, hay madera a la deriva y en uno de esos surcos
hinchados de agua, apocinada en el alquitrán y la espuma, descubro
la cal entre mis algas. Veo que soy suya, que el mar es lo que es por
lo que vive en él.

Por todos sus peces y sus mareas.


Que soy tú por vivir tú en mí. Intenta quitarme de ti, que morirás en mi.


No me asusta el cambio, no me asusta tu pensamiento, no grito por ti,

no es miedo no me queda fuerza me desborda mi alegría y mi tristeza
y me quema la cabeza, parece que no haya avanzado nada de cuando
era un simple desecho en una isla desierta. 15 años, qué tragedia.

Hay unas escaleras de palacio. Escalofrío y sueño.

Son de rocas con hiedra y unas vistas a kilómetros hacia el otro
lado del ventanal por donde veo llegar a las almas que buscan
el perdón a las puertas de tu iglesia.

Esas escaleras no llegan a ninguna parte, son una construcción
cuyo fin acaba en el sueño de miles de feligreses.

Al final, se ve su estructura, de piedra y cristal.

Dime capellán ¿cómo vas a confesar a todas
esas almas cuyo único pecado es el de sentir?

"La humanidad no tiene lacra, la humanidad os tiene a vosotros"
espetó entre dientes la chica de cal y algas, su fuego nacía y el aire
la llevó a destronar el rosario veinte veces de su pecho, para barrerlo
con furia entre sus dedos.



Sin puerto

Desbordada, callada, presionada, me dueles , me duelo, me siento, me ignoras.

No puedes conmigo pero crees si.

No dudo de tu fuerza, pero he de ser yo, tengo que librarme tengo que curarme, quiero hacerlo.

No hay excusa no soy una enferma, me enerva, me destila como el café amargo y sin azúcar, ese que solo he visto disfrutar a dos ancianos en un banco.

Me desalienta y grito fuera mientras tú gritas dentro.

Juntos sin palabras, sin tiempo, sin alarmas.

Por la noche sé qué es lo que vendrá en la mañana.

Gritamos a la vez que mis miedos.

¿No es el camino correcto? ¿No eres tú a quién quiero?

Claro que sí y cuántas formas hay de quererte bien, no voy a escoger una que sea mal.

Eres una proyección de mi, por lo que veo en ti, por lo que me haces sentir, haría mal si pidiera algo de ti, si decidiera exigir.

Qué fácil es nublar los sentimientos para luego no volver a cogerlos. Desentenderse de ellos y dejar a otra persona, al otro lado, gimiendo.

Qué jodidas son las segundas oportunidades, qué tristeza dan los mares cuando no tienen puertos a los que llegar cuando amanece.

Mi puerto, mi ancla, los peces de mi mar y mi tesoro sin mapa.

No volverá a pasarme, conscientemente dejaré que me arrope toda la magia que nace del somos, no cometeré errores, porque ni tú ni yo, nadie ahora los merece.


sábado, 5 de enero de 2019

Tiempo

Ya dicen que hay tiempo para todo.

Tiempos buenos y malos

Tiempos para ser

Tiempos para esconderse

Tiempos de amar gritando y otros de callar amando

El tiempo los pone a todos en su lugar... 

o eso dicen.

Porque yo he visto a asesinos comprando el pan y a niños asustados, con depresión y sin querer salir de casa.

No sé que es el tiempo, pero este mes hemos vuelto a estrenar año y madre mía, como vuela el condenado, en eso les doy la razón. 

Vuela, y menos mal que vuela rápido. 

Nunca he querido volver a una etapa pasada, porque en todas han habido cosas buenas pero también malas.  

Y como han dolido esas.

En todas han habido ganas de mirar al futuro, porque miro con esperanza de que todo sea mejor. 

Y entonces el reloj me dice: "Ilusa, ¿Qué es el tiempo?"

"Si no mejoras tu presente, no habrá futuro".

Tiempo. Para estar contigo.

Tiempo para uno mismo.

Tiempo.

Ahora lo cuento a meses. 

A veces, cuando amas gritando, se oye un susurro que dice:

"Te quiero, dame tiempo".


jueves, 3 de enero de 2019

Todos los cambios

Todos los cambios, buenos o malos, se lloran. 

Lloramos al nacer y estoy segura de que también al morir, antes, durante y después. 

Qué valiente es el llorar solos y qué duro es llorar con alguien.

Cómo sanan las heridas, cómo se lamen con la sal, cómo se calienta el cuerpo al gemir y temblar. Con cada lágrima nos volvemos mar.

Los cambios siempre están, las sensaciones abrumadoras siempre nos acaparan, el control no es más que un espejismo. 

Cuanto más controlas más te descontrolas tú. 

Desajustes a medida en un circo sin salida. 

En ese circo el único payaso eres tú. 

Del que se ríen, 

al que pagan, 

al que tiran los tomates 

y a quién solo ven de verdad los niños

Porque son los únicos que van con ilusión a esperar a que empiece la función.

Son los niños, 

los que harán que la función no acabe demasiado pronto.

Aunque al payaso no le queden trucos...

Siempre podrá llorar 

en una comedia dramática

que haga que todo el público se levante, aplauda y pida más.

Todos los cambios, buenos o malos, nos harán llorar. 

La obra del payaso, en este caso, empieza así: 

Hoy cambiamos la hora, mañana la fe y pasado el corazón que nos hace ser. No me cambies a mi, cada vez que me quite la nariz e intente ser feliz.

martes, 1 de enero de 2019

Ellos tormenta

Una foto, su sudor, ella gris marea, ellos la tormenta. 

Un objetivo en medio. Menos mal que ahí está su rigidez para pararles los pies.

Monturas que cristalizan en alas. Momentos devueltos a la vida en blanco y negro.
Figuras de carbón que gritan un silencio más fuerte que el miedo.

-Aquí se vende emoción en frasquitos de ilusión.

-Si el continente es bueno imagina el contenido.

-No te dejes engañar, Dime sino, ¿a cuantos reyes han herido con un poco de mentira, sirviendo veneno y vertiendo la copa de vino hasta parar su corazón?

-Su disparo no es veneno, es droga en tinta sobre papel de revelar. Su núcleo no es otro más que el de amar. Su pasión es cazar, capturar. No es mentira, es una verdad parada.

Más que el último latido es el inicio de la historia.


Les tiene miedo.

Tiene la cara como un esqueleto de cabra, tiene el morro ennegrecido por el ahumado de los años y el desgaste de los cirios que le salen de ...