jueves, 3 de enero de 2019

Todos los cambios

Todos los cambios, buenos o malos, se lloran. 

Lloramos al nacer y estoy segura de que también al morir, antes, durante y después. 

Qué valiente es el llorar solos y qué duro es llorar con alguien.

Cómo sanan las heridas, cómo se lamen con la sal, cómo se calienta el cuerpo al gemir y temblar. Con cada lágrima nos volvemos mar.

Los cambios siempre están, las sensaciones abrumadoras siempre nos acaparan, el control no es más que un espejismo. 

Cuanto más controlas más te descontrolas tú. 

Desajustes a medida en un circo sin salida. 

En ese circo el único payaso eres tú. 

Del que se ríen, 

al que pagan, 

al que tiran los tomates 

y a quién solo ven de verdad los niños

Porque son los únicos que van con ilusión a esperar a que empiece la función.

Son los niños, 

los que harán que la función no acabe demasiado pronto.

Aunque al payaso no le queden trucos...

Siempre podrá llorar 

en una comedia dramática

que haga que todo el público se levante, aplauda y pida más.

Todos los cambios, buenos o malos, nos harán llorar. 

La obra del payaso, en este caso, empieza así: 

Hoy cambiamos la hora, mañana la fe y pasado el corazón que nos hace ser. No me cambies a mi, cada vez que me quite la nariz e intente ser feliz.

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