martes, 8 de enero de 2019

Sin puerto

Desbordada, callada, presionada, me dueles , me duelo, me siento, me ignoras.

No puedes conmigo pero crees si.

No dudo de tu fuerza, pero he de ser yo, tengo que librarme tengo que curarme, quiero hacerlo.

No hay excusa no soy una enferma, me enerva, me destila como el café amargo y sin azúcar, ese que solo he visto disfrutar a dos ancianos en un banco.

Me desalienta y grito fuera mientras tú gritas dentro.

Juntos sin palabras, sin tiempo, sin alarmas.

Por la noche sé qué es lo que vendrá en la mañana.

Gritamos a la vez que mis miedos.

¿No es el camino correcto? ¿No eres tú a quién quiero?

Claro que sí y cuántas formas hay de quererte bien, no voy a escoger una que sea mal.

Eres una proyección de mi, por lo que veo en ti, por lo que me haces sentir, haría mal si pidiera algo de ti, si decidiera exigir.

Qué fácil es nublar los sentimientos para luego no volver a cogerlos. Desentenderse de ellos y dejar a otra persona, al otro lado, gimiendo.

Qué jodidas son las segundas oportunidades, qué tristeza dan los mares cuando no tienen puertos a los que llegar cuando amanece.

Mi puerto, mi ancla, los peces de mi mar y mi tesoro sin mapa.

No volverá a pasarme, conscientemente dejaré que me arrope toda la magia que nace del somos, no cometeré errores, porque ni tú ni yo, nadie ahora los merece.


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