miércoles, 1 de mayo de 2013

Prisionero en un pájaro de hierro (III)


Me levanté entre asustada y decidida a encontrar el error y me dirigí hacia una chica con uniforme que estaba yendo hacia el puesto de embarque para sellar los tickets del grupo de personas que ya hacían cola para entrar a su avión.

-Hola.
-Tiene que ponerse a la cola para pasar.
-Si, si osea, no… No es eso. -  La chica llevaba el uniforme rojo de la aerolínea, compuesto por una falda de tubo hasta la rodilla y una chaqueta de botones que parecía dificultarle bastante la respiración pues le subía el pecho hasta el cuello.

Me miraba con un deje de superioridad que preferí ignorar y continué.-¿Sabe si ha pasado algo con el avión de Canadá?
-Póngase a la cola y espere su turno, por favor.
-¿Pero ha pasado algo? Tendría que haber llegado a las 12 ¿No?
-He dicho que se ponga a la cola y guarde su turno.
Miré de soslayo la cola y a cada segundo su final se alejaba más así que insistí por última vez.
-Es solo una pregunta y no puedo esperar tanto.
- Vamos mujer, ponte a la cola, no tenemos todo el día.- Dijo un hombre de voz grave y rugosa. Llevaba una gabardina bastante ancha y doblaba la altura a la mayoría de los que estábamos ahí.
-Perdone yo…- Y antes siquiera de poder acabar la frase dos policías se acercaban hacia nosotros con la vista fija en mi.

-¿Algún problema?
-Esta chica no quiere ponerse a la cola.
-¡Solo quiero encontrar a mi hermano!
-¿Lo ha perdido?
-Tendría que haber llegado hace casi media hora de Canadá pero no le he visto.
-¡Por el amor de Dios, ¿Es que no vamos a subir al avión?-Interrumpió de nuevo el señor con gabardina, le lancé una mirada asesina y me di cuenta de algo extraño en el.
Sujetaba con fuerza  la muñeca de otro hombre que iba a su lado, llevaba una gorra roja que le cubría parte de la cara y gafas de sol, permanecía detrás del señor con gabardina como si le perteneciese.

-Acompáñenos por favor, buscaremos alguna solución.- Me dijo el otro guardia tranquilizadoramente.

-Bien, gracias.- Respondí mirando al agente.

Ambos comenzaron a caminar y yo les seguí aliviada de que alguien me hiciese caso pues mi prioridad era encontrar a Lucas y no discutir con la amargada azafata.

Antes de alejarme mucho, volví la vista a la cola y para mi sorpresa el hombre con gorra y gafas me miraba fijamente.

Lo se porque esa mirada parecía atravesar los cristales de las gafas de sol y los pocos metros que nos separaban como si yo fuese una marioneta controlada por esta... Y me sentí plenamente culpable.


By: Kiissy

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