El secreto de los sabios...

Saray levantó la mirada y sonrió con ella a su abuela.


-Buenos días.


Nora sonrió también y como toda respuesta volvió a cerrar los ojos. Saray suspiró y se concentró otra vez en su libro, tanto tiempo había pasado desde la última vez que su abuela habló... Tanto tiempo en esa habitación... Su abuela entraba y salía del coma como de una tienda, pero allí estaba ¿Cuanto habría pasado? 5 o 6 años más o menos desde que les aseguraron que moriría. Desde entonces, ella nunca volvió a hablar.


Una enfermera interrumpió su lectura.
-¿Necesitas ayuda guapa?
-No, gracias, sigue estable.


Sabía perfectamente qué le ofrecía, pero de ninguna manera dejaría que le arrancasen de aquella habitación, no dejaría a su abuela en manos de unos extraños... Ellos no lo entienden... No saben nada...


Aunque tampoco se mucho más que ellos...- Pensó Saray mirando de nuevo el casi inerte cuerpo de su abuela.
Solo sabía que Nora guardaba un secreto para ella y solo para ella.


Recordaba la tarde de octubre, las hojas de los árboles cayendo y más niños corriendo por las calles, era el primer día de vacaciones y fueron a dar un paseo por el parque.
Aquella tarde... Su abuela le dijo algo que no olvidaría...


-¿Lo sientes Saray?
-No abuela... ¿Que debería sentir.?
-Presta más atención...


Estaban sentadas en el banco de un parque.
La pequeña niña miraba atenta frunciendo el ceño, con las manos atrapadas entre las solapas de los bolsillos.


Desalentada, al cabo de un rato se volvió a su abuela y le dijo:


-No puedo abuela, solo oigo las risas y los gritos de esos niños de allí y el ruido de los coches.
Veo las hojas de los árboles y noto el frío en mi cara. Pero no siento nada.


Nora rió y contestó a la pequeña.


-Eso es porque no lo haces con los sentidos apropiados. Fíjate otra vez y dime que te dicen esas risas, ese viento...


Saray cerró esta vez sus ojos oscuros y las risas la llenaron, sintió felicidad pero también miedo.


Abrió los ojos de golpe asustada.
-Abuela... ¡No era yo!
-¿Y ahora?
-Ahora si... Cuando he abierto los ojos...
-Has sentido como ellos, has sabido el por qué de su risa, y eso, te convierte en conocedora de una pequeña parte de ellos.


-¿Como es eso abuela? ¿Tu puedes hacerlo?
-Si, claro que puedo. Puedo hacerlo sin cerrar los ojos, puedo conocer a una persona sintiendo, pero solo si estoy cerca de ella.


-¿A cuanta distancia?


-No hablo de una distancia física... Tu eres mi nieta, y se quien eres, hasta puedo llegar a amarte, pero eso no basta para llegar a conocerte...


-¿Me enseñarás abuela?
Nora sonrió y la miró
-Pues claro hija, te diré un secreto... pero solo cuando seas mayor, entonces podrás decírselo tu a quien te importe de verdad.


Saray se acercó al borde de la cama en la que yacía su abuela, y se susurró:


-Abuela... Dímelo...



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