Somos más fuertes y menos cobardes.


Yo corría lo más rápido que podía por aquel pasillo de madera y no vi ninguna escapatoria.
Mi pecho se llenaba de aire lo justo como para dar una zancada más a cada segundo, pero a pesar de mis esfuerzos sus manos rozaban mi cintura dejando una marca imborrable en la piel hasta que mi cuerpo quedó completamente sumergido entre ellas.
No se de donde salían ni de quien eran esas manos gigantes y negras y, como en toda pesadilla acabé, despertando sin saber el final.

No me molesté en abrir la luz de la mesilla de noche ni en corregir mi tensa postura o las sabanas enredadas entre el colchón y mi cuerpo. Volví a cerrar los ojos intentando recrear de nuevo el pasillo, las sensaciones... pero a cada momento todo se volvía más y más irreal.

Suspiré resignada al aceptar que tendría que aguantar una noche más esa irracional carrera contra mi subconsciente y sin darme cuenta me volví a dormir. 



Y así es como me di cuenta, de que mis peores pesadillas eran mucho más cobardes que yo, huían, no se dejaban vencer en un cara a cara… Y eso me hizo volver a soñar sin miedo.

By: Kiissy

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