LA GENTE




Hay mucha, mucha gente, salgo a la calle y la veo, miro por la ventana y ahí están cada uno con su vida, cruzándose todos los días, dirigiéndose miradas, divertidas o apagadas, cansadas o alegres, TODOS LOS DÍAS te acompañan NINGÚN DÍA les saludas.


No saludas, criticas por dentro y sigues con tu vida, o no.
Algunos te acompañan durante todo el día su recuerdo, su presencia.


Haré la prueba, saldré y saludaré, hoy les dedicaré a todos una sonrisa, HOY SERÁ DIFERENTE, SERÉ GENTE DIFERENTE. 


Pensarán en mi, me mirarán tratando de recordar, no si me habían visto antes sino, si me habían saludado antes, si alguna vez han compartido conmigo un hola, un adiós. 
Algo que no se limite solo a miradas...




HOY HE SALIDO a la calle, no lo he hecho, encerrada en mis pensamientos, en mis críticas... pero como si una flecha atravesase mi burbuja hoy... HE HABLADO CON LA GENTE, los charcos llenaban la acera y mi chaqueta no parecía capaz de parar el frío.
Solo pensaba en el resfriado que cogería al llegar a casa.
Voy al instituto y la mochila pesa mucho, estoy cansada porque hoy he madrugado y llegaré tarde a casa, a comer... Tengo dos exámenes y por alguna razón estoy insensible e inmóvil a lo que pasa a mi alrededor
Algo se remueve en mi interior, en la puerta del supermercado hay un hombre extraño, no va bien vestido, es más, va con un chandal roto. Las rastas le caen por detrás y parece tener menos de 20 años.


Limosna, a las 8 de la mañana me van a pedir dinero, uno que no llevo, puesto que me voy a clase y no de rebajas.


Sabiendo ya lo que iba a pasar aprieto el paso. Un charco moja la parte baja del pantalón y se me tensan los hombros. Miro de reojo, descarado.


Me está mirando, pero al contrario de lo que creía me brindó una gran sonrisa que mostraba todos sus dientes, sincera, de corazón.


-¡Buenos días señorita!
No paro de andar y al ver que extiende una mano hacia a mi comprendo que sus intenciones son las que me imaginaba así que le niego con la cabeza con gesto de disculpa.


-No, no. Yo no quiero dinero. Quiero que sonría usted. Es lo único que nos queda ya. Es lo realmente importante. Regáleme una sonrisa.


Y se puso a bailar y sonreír a compas de la lluvia. Cerró los ojos y dejó que le acariciara la lluvia.


Sin darme cuanta sonreí también y le miré por última vez. Y ese, a pesar de la lluvia, los exámenes y el cansancio, fue uno de los mejores días que recuerdo, su presencia me alegró todo el día. 


El feliz por mi sonrisa. Rió
Me entraron ganas de hacer lo mismo, quitarme la chaqueta y pararme a dejar que la lluvia me empapase a disfrutar sin pensar...


¿Estaba loco?


 Eso creo. 


¿Es contagiosa la locura?


Solo si dejas que te llegue dentro.


Entonces...


¿Era el feliz? Seguro.











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